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Se tenía que decir… Golpe de Estado de papel. Por: Santiago Cárdenas. Destacado

04 Nov 2019
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La aprobación del presidente Andrés Manuel López Obrador terminó la semana pasada, el 1 de noviembre, en 60.1%. La semana 43 de 2019, o sea la semana pasada, fue la peor de las últimas 25 y tuvo el segundo registro promedio de aprobación más bajo del año.

 

El 1 de octubre pasado su aprobación era de 63.7%, pero hace dos semanas empezó a descender y los registros diarios marcaron que no hubo un día en que no fueran hacia abajo. En 14 días tuvo una caída de 3.5 puntos. La caída de las últimas dos semanas se debió a los hechos ocurridos el 17 de octubre en Culiacán.

 

De muy poco o de nada le sirvieron las conferencias en las que intentó aclarar, con una línea del tiempo, lo que ocurrió en Culiacán. Por el contrario, esas conferencias fueron de las más desastrosas que ha tenido, y tuvieron como resultado enfrentamientos fuertes con reporteros y expresiones de agravio y desprecio hacia miembros del Ejército, además de que puso en riesgo la seguridad del comandante del Grupo de Análisis de Información del Narcotráfico (GAIN), perteneciente a la Secretaría de la Defensa Nacional.

 

A partir de estos datos, es totalmente comprensible que al presidente le urja encontrar una salida a ese tema que le ha impactado negativamente en sus niveles de aprobación. Ello explica que el propio presidente haya expresado en sus redes sociales que el gobierno que encabeza “cuenta con el apoyo de una mayoría ciudadana que no permitiría un golpe de Estado”.

 

Inmediatamente, la legión de seguidores del mandatario en las redes sociales se encargó de propalar la versión de que en México se prepara un golpe de Estado. En diversos mensajes, hasta ofrecieron supuestas “pruebas” de que integrantes del INE se habían reunido en Alemania con el empresario Claudio X. González para conspirar, así como otros en los que retomaban para las palabras del general Carlos Gaytán Ochoa, quien en un desayuno encabezado por el titular de la SEDENA, posterior a los hechos ocurridos en Culiacán, expresó que los militares “nos sentimos agraviados como mexicanos y ofendidos como soldados”. También manifestó “algunas preocupaciones que, en virtud de la situación actual, sin duda, compartimos todos los aquí presentes”, entre ellas que en México la sociedad “está polarizada políticamente porque la ideología dominante, que no mayoritaria”, se basa en corrientes “pretendidamente de izquierda” que acumularon durante años “gran resentimiento”.

 

En respuesta a los dichos del general, López Obrador aseguró que en el sexenio de Felipe Calderón, cuando Gaytán Ochoa fue subsecretario de la Defensa Nacional, “decían los de mero arriba del Ejército, por allá por donde andaba este general, en las alturas, les decían a los oficiales de los operativos: ‘ustedes hagan su trabajo y nosotros nos encargamos de los derechos humanos’”. También dijo tener el apoyo del Ejército y descartó fracturas entre la jerarquía militar.

 

En su mensaje de Twitter, López Obrador resaltó: “La transformación que encabezo cuenta con el respaldo de una mayoría libre y consciente, justa y amante de la legalidad y de la paz, que no permitiría otro golpe de Estado en nuestro país. Aquí no hay la más mínima oportunidad para los Huertas, los Francos, los Hitler o los Pinochet. El México de hoy no es tierra fértil para el genocidio ni para canallas que lo imploren”.

 

De esa manera, López Obrador busca darle la vuelta al tema Culiacán. Sin embargo, no debe dejarse de observar que en realidad es él quien ha agraviado a los militares. Si hay molestia entre miembros del Ejército, se debe a las distintas expresiones que el propio presidente ha manifestado para dejar ver que en su visión el Ejército forma parte de un pasado agraviante para la sociedad.

 

Con esa retórica, López Obrador busca tocar nuevamente el corazón de sus seguidores y los reanima para dar una nueva batalla en contra de los “conservadores” que buscan quitarle el poder. Es como Trump, quien cada vez que ve bajar su aprobación, recurre al tema de la construcción de un muro en la frontera sur de Estados Unidos, con lo que levanta nuevamente el ánimo de los ultraderechistas que lo apoyan.

 

No hay en México ningún indicio real de que se esté gestando un golpe de Estado. La estrategia de propaganda del gobierno federal busca afanosamente levantar de nueva cuenta la aprobación del presidente. Sin embargo, no es para nada aconsejable jugar con ese tema. Con ello, los efectos no sólo se sentirán en el ánimo social del país, sino que la imagen de México ante el mundo se deteriorará aún más.

 

Habrá que ver cómo se sigue comportando el tracking poll diario de la aprobación del presidente. De continuar bajando, podría cerrar el año en su nivel más bajo. Habrá que ver también si el efecto “golpe de Estado” le resulta benéfico o por el contrario termina dándole un balazo en el pie.

 

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