Imprimir esta página

Se tenía que decir… Inició la cuenta regresiva del gobierno de López Obrador. Por: Santiago Cárdenas. Destacado

20 Jul 2021
267 veces

El derrumbe de un tramo de la Línea 12 del Metro de la Ciudad de México en Tláhuac movió los tiempos de las decisiones políticas del presidente Andrés Manuel López Obrador, y cimbró la aparente paz interna que reinaba en el paraíso lopezobradorista.

 

Decimos que la paz era aparente, porque la indignación popular ante la intención gubernamental de eludir sus responsabilidades por lo ocurrido en Tláhuac sacó a flote las bajas intenciones de cuando menos dos destacados personajes del lopezobradorismo, quienes no dudaron en despojarse de la piel de oveja para dejar a la vista el pelaje de lobo en busca de la candidatura presidencial en 2024.

 

Las malas pero bien enteradas lenguas aseguran que el propio presidente López Obrador tuvo que frenar los pleitos desatados luego de la tragedia de la Línea 12. Ante la evidente responsabilidad política y administrativa de los gobiernos de Marcelo Ebrard y de Claudia Sheinbaum en lo ocurrido en Tláhuac, ambos buscaron deslindarse. El descontón lo asestó Sheinbaum, al filtrar al New York Times información que dejaba mal parado al Canciller, pues dejaba ver, y así lo destacó el periódico estadunidense, que la falla que ocasionó el derrumbe fue estructural, es decir, no fue provocada por falta de mantenimiento sino fue un error en la construcción. Y siendo así, el único responsable político es Ebrard.

 

Así se desató el pleito entre Sheinbaum y Ebrard, y el presidente López Obrador se vio forzado a intervenir para calmar los ánimos entre ellos. También se vio forzado a adelantar el proceso de su sucesión, lo que no estaba previsto sino hasta 2023. Claro, ese era el plan, pero los ánimos ya no estaban para aguantar más.

 

Anticipar tanto el proceso de sucesión presidencial no ayudará mucho al lopezobradorismo. Muchos ojos estarán observando permanentemente a Sheinbaum y a Ebrard a partir de ahora, y son ojos que ya no estarán mirando hacia Palacio Nacional. Además, López Obrador retomó su papel de líder del partido, Morena, lo que fortalece la percepción que muchos tienen de que Mario Delgado es sólo un gerente que ejecuta las decisiones del presidente, el real mandamás de Morena. Y también deja claro que Sheinbaum es la candidata elegida por López Obrador para sucederlo.

 

Más allá de que todo ello metió en problemas al lopezobradorismo, también es divertido ver cómo la oposición se muestra inoperante e incapaz de comprender lo que está ocurriendo. López Obrador provocó que muchas miradas voltearan a ver al Canciller y a la jefa de Gobierno de la Ciudad de México. Eso le da un respiro al presidente.

 

Pero al mismo tiempo, abrir la sucesión presidencial agota la gestión de López Obrador.

 

Mientras, la oposición se vuelve a quedar pasmada sin saber qué hacer. Trata de interpretar lo que López Obrador piensa, y actúa como el ratón que persigue nada en una rueda. La oposición sigue sin entender que necesita encontrar objetivos y trabajar para alcanzarlos, más que dedicarse a atacar y criticar todos los días a un presidente que acabará por ser víctima de sus propios errores.

 

Lo que sigue por ver será interesante: un presidente que empezará a mostrar agotamiento, aspirantes que poco a poco empezarán a sacar las garras y a clavarlas en sus opositores, y una oposición que, o deja de pensar y actuar como hasta hora o seguirá siendo oposición al menos hasta 2030.

 

Adelantar la oposición no fue benéfico para el presidente, pero en realidad tampoco tenía muchas opciones para seguir retrasándola. El gobierno de López Obrador ya inició su cuenta regresiva, la cuenta atrás, y el pleito entre Sheinbaum y Ebrard apenas empieza.

Valora este artículo
(1 Voto)