La credibilidad es uno de los activos más relevantes de un político que con otros atributos como la honestidad, la capacidad y la honorabilidad, así como la propia trayectoria, van amalgamando el perfil de un líder.
Las conferencias de prensa matutinas, la ya célebres mañaneras, son el eje de comunicación y de estrategia política del presidente López Obrador y que le permite fijar la agenda de coyuntura, aunque con las horas se vaya diluyendo, máxime si las aseveraciones vertidas son mentiras o afirmaciones no verdaderas.
Diversas empresas y colectivos llevan el registro diario de esas falacias presidenciales y a la fecha se mantiene un promedio de 48 diarias, así es, no es una o dos, son un gran cúmulo de datos que son sacados de la chistera de un prestidigitador de la palabra y el embuste.
De acuerdo a los datos de SPIN-Taller de Comunicación Política, que dirige Luis Estrada, se señala que a la fecha se han realizado 146 conferencias matutinas, donde han aumentado las afirmaciones no verdaderas, llegando a 48 diarias en 240 semanales y con una proyección anual de 12mil 480.
Resulta inconcebible que alguien que reclama a sus detractores esgriman argumentos veraces, se encargue de destruir cotidianamente su propio discurso con falsedades y datos erróneos y que en el mejor de los casos son verdades, pero con datos imprecisos.
López Obrador confía demasiado en su memoria y capacidad retentiva, sin embargo, ello da pie a que se equivoque o de plano diga cada sandez como la relacionada con la creación de México o los kilos que a diario llegan de sargazo a la Riviera Maya.
Luis Estrada apunta que las afirmaciones no verdaderas se dividen en cuatro categorías: Promesas, aquellas que son posibilidades, pero no son verdaderas, porque hay que esperar para que se hagan realidad, dice 11 en promedio; y los compromisos, aquellos que se asegura entregar la información, son cuatro por conferencia.
Están las falseables, aquellas que no se pueden confirmar su veracidad, dice 26 por evento y las falsas, las que se demuestra que miente, siete por día.
Siete afirmaciones del presidente que son falaces, que no tienen elemento alguno de verdad, pero él las dice porque sabe que a sus adeptos no les interesa saber si son o no mentiras, incluso la mayoría de los medios de comunicación las dan como ciertas y las magnifican.
Una explicación a la aceptación de la mentira de un político es precisamente la lealtad y cuando los electores se enfrentan a la disyuntiva ante la urna de elegir entre aceptar la mentira o traicionar, prefiere la primera opción.
Este fue el resultado de una serie de experimentos que realizaron el profesor Cornell Angus Hildreth y sus colegas para explorar la tensión entre la honestidad y la lealtad.
López Obrador no deja opción a sus detractores, aunque algunos traten de ser receptivos a su mensaje, se retraen a la brevedad cuando se surge la falacia y esta por desgracia es una constante.
En su mensaje del 1 de julio afirmó que ha cumplido con 78 de 100 compromisos, sin embargo, al pasarlos por el rasero de los datos duros, resulta que son afirmaciones no verdaderas, la mayoría de ellas.
Un ejemplo, dice que se acabó la corrupción porque él no es corrupto o “ya se detuvo la caída en la producción del petróleo”. En mayo, Pemex produjo un millón 663 millones de barriles, la cifra más baja desde diciembre de 1979.
“En los primeros 5 meses se crearon más de 300 mil empleos” Aseveración correcta, pero es 38 por ciento menor que, en igual periodo, al año anterior. Solo en mayo se crearon 3mil 983 empleos formales, un desplome de 88 por ciento respecto al año pasado.