Cuánto dolor hay en estos momentos en el mundo, la pandemia es una enfermedad maldita que parte el corazón de la mayoría de los seres humanos y en estos momentos los conceptos religiosos y filosóficos dan ese consuelo que tanto se necesita.
México no escapa a esta realidad de sufrimiento que por desgracia el gobierno no puede aliviar, solo queda que cada uno se levante resueltamente con fortaleza y esperanza en que las cosas van a mejorar.
La Fe mueve montañas o puede sacar agua en el desierto o prender fuego en la yesca mojada dicen los creyentes y es cierto tan solo es cuestión de determinación y convicción.
Tenemos a la vista una máxima del líder budista japonés Daisaku Ikeda que dice: “Cuando uno cambia su determinación, todas las demás cosas empiezan a moverse en la dirección que uno desea. En cuanto uno determina con toda su vida que va a triunfar, cada nervio y fibra de su ser inmediatamente se orientan hacia el éxito. Por otro lado, si uno piensa esto no va a dar resultado, en ese mismo momento, cada célula de su ser se desmorona y se rinde en la lucha por el avance”.
No debemos dejarnos abatir por los problemas, al contrario hacer de estos la catapulta hacia la felicidad.