La tentación es muy grande, algunos piden romper relaciones comerciales con Estados Unidos, otros en cambio se pronuncian por dejar que el tiempo arregle las cosas, lo cierto es que deben establecerse por lo menos tres ejes de acción que normen el comportamiento del gobierno mexicano. Uno la unidad, otro la firmeza y el tercero, la prudencia.
Como una plataforma básica y necesaria se requiere la unidad entre los mexicanos, tanto de los que aquí como los de allá, si se muestra una nación unida y cohesionada, pues difícilmente un loco como Trump puede atentar contra nosotros.
Desde luego, todos los partidos políticos y sus dirigentes deben sumarse a esta convocatoria y aunque casi todos ya manifestaron su conformidad, falta que en los hechos lo demuestren.
La firmeza debe darse por lo menos en fijar varias consideraciones básicas: No al pago del muro. Defensa irrestricta a nuestros connacionales y definir los nuevos mercados y proveedores de los productos que compra nuestro país a los gringos. Se habla de gasolinas y agropecuarios, en primera instancia, al tiempo de establecer aranceles a una gama de mercancías que provienen de aquel país.
Habría que considerar que la relación comercial que existe entre empresas mexicanas y norteamericanas es de tal profundidad y fortaleza que no se romperán tan fácilmente, toda vez que han creado un círculo virtuoso de ganar-ganar.
El tercer eje de acción es el enfocar nuestras baterías contra Donald Trump y su gobierno y no contra el pueblo norteamericano, donde además de que una gran mayoría está en contra del loco, allá viven más 36 millones de mexicanos en diversas condiciones migratorias, pero todos contribuyen de forma relevante al desarrollo económico del país más poderoso del mundo.
Nadie puede terminar con la interrelación que se ha dado entre los habitantes de ambas naciones, por ello se antoja harto difícil que alguien pretenda siquiera romper esa relación por visiones proteccionistas y nacionalistas y busque terminar con una vínculo que conlleva no sólo el intercambio comercial, sino el lazo personal e indestructible de vida a vida.
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