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Desde San Lázaro. Austeridad en el Congreso. Por: Alejo Sánchez Cano Destacado

27 Ago 2018
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Reducción de sueldos, mejorar el trabajo legislativo, retiro de privilegios y acortar el número de legisladores, son parte de los compromisos que en campaña hicieron los entonces candidatos al Congreso de la Unión y que traducido todo en su conjunto surgió como la bandera de la austeridad,   alineado a la otra demanda de la sociedad, que es el combate a la corrupción.

Sin duda, los altos salarios y prestaciones con las que gozan, principalmente los integrantes de las mesas directivas o los titulares de comisiones, así como los líderes parlamentarios, se constituyeron en el principal motivo para que ciudadanía pusiera en mal concepto a los representantes del pueblo y de alguna manera eso favoreció a la llegada de bancadas parlamentarias con suficiente fuerza como la de Morena y sus aliados políticos.

No obstante lo anterior, ya hay indicios de que la palabra empeñada de algunos de los flamantes nuevos congresistas solo sirvió para hacer proselitismo y jalar votos para sus partidos. La austeridad prometida está en entredicho.

En la Cámara Baja, por el ejemplo, el actor y ahora diputado federal, Sergio Mayer, declaró sin recato alguno que en los recesos de los periodos ordinarios de sesiones realizará otras actividades, porque el salario de diputado federal, que será de 74 mil 672 pesos no le alcanza, y aclaró que esa cantidad es poca si se le compara con lo que él gana en la actuación.

En el senado alguno de sus representantes, también del grupo parlamentario de Morena, las cosas andan en la misma línea de pensamiento del señor Mayer. Al acudir por su identificación que lo acredita como legislador,  el senador electo Ricardo Ahued, del estado de Veracruz, aunque omitió decir si su sueldo es bajo o alto, aclaró que él no vive de la política, que ha hecho su vida en actividades del índole empresarial y que incluso está dispuesto a aportar, si es necesario, para que las cosas funcionen.

Por supuesto que ni el diputado ni el senador están en lo correcto, en todo caso habría que preguntarle al segundo a cambio de qué piensa aportar dineros privados a la vida pública,  ya que son precisamente ese tipo de acciones las que encanija a la ciudadanía, debido a que en la mayoría de las veces esas “donaciones” terminan en tremendos conflictos de intereses, donde los dueños de algunas empresas son  favorecidos en licitaciones o prestaciones de servicios.

En cuanto al actor, habría que decirle que el trabajo legislativo  requiere tiempo completo,  no por los periodos de sesiones, si por la presencia permanente en los distritos en donde fueron electos, amén del trabajo de gestión que tienen que realizar para cumplir con sus promesas de campaña,  ese fue su compromiso y ahora hay que cumplirlo.

Ora que si, además de los aludidos, algunos otros legisladores sienten que sus sueldos no les alcanzan para cubrir sus necesidades familiares o para el cumplimiento de su deber, sencillo, que renuncien.

En eso de la austeridad no debe haber marcha atrás, sobre todo para los primeros niveles del actuar público, porque  fue una demanda prioritaria de los votantes en la jornada electoral pasada. En ese compromiso –también hay que decirlo- esto no debe ser pretexto para poner tijeras sin ton ni son en el aparato burocrático, porque una cosa es adelgazar y evitar duplicidad de funciones y otra querer a fuerza reducir salarios a cientos de profesionistas o técnicos especializados.

La tarea de la LXIV Legislatura, primero es ser la garante de la austeridad y transparencia; segundo, por la aplastante mayoría que tiene Morena,  acompañar al jefe del ejecutivo federal en el paquete de reformas legislativas que ha amenazado hacer, además de asignar los recursos presupuestarios necesarios para que se puedan cumplir las promesas de campaña, en el entendido de que no habrá aumento de impuestos, ni endeudamiento, veremos si con el plan de austeridad que anunció, alcanzará cumplir con la carta a los Reyes Magos.







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