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Desde San Lázaro. Obnubilada por el poder. Por: Alejo Sánchez Cano Destacado

13 Ago 2018
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Pocas personas en México son claramente identificadas por su profesión, quizás solo sean "El ingeniero" Cárdenas y "La maestra" Elba Esther Gordillo
La maestra Gordillo es, sin duda, uno de los personajes de la política mexicana que más influencia ha tenido durante los últimos treinta años. Desde sus inicios en el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE) en la década de los setenta, su carrera fue en ascenso, llegando a la presidencia de la organización magisterial más importante de América.

Acumuló poder y respeto gracias al respaldo que brindaba a través de la operación política. Esto fortalecía a la organización sindical en las negociaciones para mejorar las condiciones laborales de los agremiados. Al mismo tiempo, la maestra lograba prestigio en el PRI, llegó a ocupar la Secretaría General de la CNOP, fue diputada federal, senadora y secretaria general del partido.

Pero el poder no está peleado con la ambición, la presunción y los gustos excesivos. También fue difícil librarse de los sujetos cuestionables en su entorno, como su propio yerno, Fernando González, y Miguel Ángel Yunes, entre otros.

Cuando en el 2000 la permanencia del PRI en el poder se interrumpió, la maestra se puso por delante al sindicato; con gran habilidad pactó con los padres y tuvo injerencia en la política educativa. Pero también fue considerada una traidora.

La génesis de un partido con arraigo en el magisterio permite al sindicato ampliar los espacios para posicionar aliados y para defender las causas de la educación y la educación pública.

La maestra jugaba sus cartas bajo nuevas circunstancias políticas, logrando mantener el sindicato, aunque muchos la vieran con recelo.
En febrero de 2013 fue bajo la acusación de lavado de dinero, defraudación fiscal y delincuencia organizada.

La revista Forbes la mencionó como una de las diez personas más corruptas de México, junto a Carlos Romero Deschamps, Raúl Salinas y Genaro García Luna. Y pruebas había en abundancia. Luego de cinco años de prisión sin juicio, fue exonerada, causando diversas opiniones, indignación e interrogantes.

La maestra era una presa política, no por haber asumido la defensa de su gremio, sino porque era molesta para el sistema, o bien, era más útil al sistema en prisión. Fue un golpe preparado estratégicamente para legitimar al gobierno del presidente Peña, necesitaba una cabeza responsable de todos los hombres del país.

El sindicato, sin ella, se dedicó a preservar a la organización. Pero esta vez, con la mirada de la sociedad encima, emprendieron transformaciones más profundas que le dieron un rostro diferente: definieron como objetivo principal la defensa de la educación pública y de los derechos de los trabajadores, generaron mecanismos de transparencia en la gestión, profesionalización a la dirigencia, se mantuvieron abiertos, colaborativos pero críticos en la implementación de la reforma educativa, cuidando especialmente los aspectos que afectan a los derechos de los trabajadores, elaboraron una agenda con los temas sociales más actuales como salud, cuidado del medio ambiente e inclusión , elaboraron y dieron a conocer el acervo editorial del magisterio,

Uno de los escenarios que más expectación es la actitud que asumirá la maestra. Gordillo tiene aquí quienes promovieron su encarcelación y quienes, obligados por las circunstancias, asumieron la dirección de los espacios que estaban a su reino: el sindicato y el partido. La ira y la revancha fueron distintivos de su gestión política y esperar que se devolvieran.
 
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