A propósito de los estímulos que esta semana anunció el titular del Ejecutivo federal, Andrés Manuel López Obrador, y que serán entregados a todos los atletas que tuvieron una participación en los juegos panamericanos que se llevan a cabo en el país sudamericano Perú, precisando que esos recursos provendrán de lo que se obtenga por la venta de la casa que perteneció al ciudadano chino-mexicano, Zhenli Ye Gon, y en la cual se encontró dinero presumiblemente provenientes de la venta de drogas, muchos nos preguntamos cuántas casas de esas características tendrán que ser vendidas por el gobierno mexicano para en un futuro asegurar un reconocimiento a los deportistas que años con año ponen el nombre de México en alto en competencias internacionales.
Dice el presidente que la delegación mexicana que representó a nuestro país en las justas deportivas de Perú recibirá, cada uno, un apoyo económico de 240 mil pesos y que los medallistas recibirán un estímulo adicional de 40 mil pesos, para oro; 35 mil, plata; y 25 mil a quienes obtuvieron bronce.
Por la venta de la polémica propiedad del Ye Gon, se espera obtener ingresos por la cantidad de 150 millones de pesos, aunque la residencia está valuada en poco menos de los 100 millones, moneda mexicana, y que espera que en esta subasta participen empresarios con compromiso social.
¿Empresarios con compromiso social?, acaso se referirá a quienes les gusta el altruismo o bien a quienes participan con obra pública en la actual administración, porque si es lo segundo se podría pensar en una especie de extorsión o en palabras más coloquiales que es una forma de hacerles “manita de puerco”.
En fin, nos da gusto que los deportistas mexicanos sean reconocidos en sus esfuerzos de equipo o de manera individual, pero los juegos panamericanos son una competencia y también hay que pensar en los olímpicos, las universiadas, los paralímpicos, las justas mundiales y muchas otras competencias donde se logran medallas, copas o cualquier otro reconocimiento, y si hoy se ha decidido establecer un estímulo pues lo mejor sería que esto se convirtiera en una política pública, para que después los atletas no anden tocando puertas a las autoridades deportivas como si estuvieran pidiendo limosnas o favores especiales.
No hay que olvidar que justo antes de los panamericanos hubo inconformidades de algunos atletas por la falta de apoyos de parte de las autoridades del deporte, y no porque ahora regresen con medallas hay que aplaudirlos y colgarse con ellos las medallas. Reitero, bien merecido ese estímulo y buena decisión la tomada en el gobierno, pero no hay que echar en saco roto lo de generar políticas públicas para deportistas de alto rendimiento, para los amateurs, para los paralímpicos, y que estás acciones trasciendan más allá de sexenios gubernamentales, y que no sean medidas pasajeras o sintomáticas que respondan a coyunturas, porque eso, en cualquier lugar, se llama dar “atole con el dedo”.