Una llamada de la secretaria de Gobernación al coordinador de los diputados morenistas echó para abajo los afanes de imponer la reelección de Porfirio Muñoz Ledo en la Presidencia de la Mesa Directiva de la Cámara de Diputados. Con ello se torcería la ley y se daría paso a una ola justificada de críticas hacia Morena. No cabe duda de que muchos morenistas, los más radicales, estaban a favor de la reelección de Muñoz Ledo, lo que en sí representaba el enraizamiento de Morena en el cargo. Finalmente, para eso son las mayorías, para imponerlas, dirían.
No fueron, de ninguna manera, las credenciales “democráticas” de Muñoz Ledo las que lo hicieron retroceder, ni su argumento de que su renuncia era “para no poner en riesgo el orden constitucional”, y mal hicieron los diputados opositores en colgarle medallas que no le corresponden a un Muñoz Ledo que, seguramente, querrá cobrar su gesto, mentada de madre de por medio.
En la bancada de Morena en la Cámara de Diputados -donde no gustó el regaño del presidente López Obrador, expresado por teléfono por la secretaria Olga Sánchez Cordero- ya barajan la posibilidad de impulsar a Muñoz Ledo como recipiendario de la Medalla Belisario Domínguez. En el Senado de la República ya se recibió su nombre como propuesta, junto con otros muchos más. Ese sería su pago.
Sin embargo, la historia no le alcanza a Muñoz Ledo para ser considerado un demócrata. No lo es.
Pero la diplomacia política obligaba a decir que anunciar su retiro de la Presidencia de la Cámara de Diputados era un gesto de congruencia, por lo que le expresaban su admiración y respeto.
Aferrarse a la Presidencia de la Cámara y torcer la ley, dijo la secretaria Sánchez Cordero en su llamada telefónica, a nombre del presidente López Obrador, “nos está perjudicando”. Lo que ustedes están tratando de hacer, expresó, “de cambiar la ley de un momento a otro, no puede ser así. El señor presidente, acabo de hablar con él y me dijo: nos está perjudicando mucho lo que está sucediendo en la Cámara de Diputados”.
La llamada evidenció varias cosas, entre ellas, que en esta ocasión el presidente no compartía la idea de los más radicales en la Cámara de Diputados de violar la ley para que Morena continuara presidiendo el órgano legislativo. Otra más, que en la bancada morenista hay quienes impulsan la radicalización, el revanchismo y el aplastamiento de los opositores como método de gobierno.
Pero la llamada de Sánchez Cordero y sus resultados también evidenciaron lo que el presidente siempre ha negado: su intromisión en el Poder Legislativo, que hoy goza de mayoría morenista.
En realidad, López Obrador es quien dicta las acciones que se siguen en el Legislativo. ¿Quién podría negarlo hoy, después de lo ocurrido?
La semana pasada, en el Senado de la República también se registró un hecho preocupante, cuando la Comisión Nacional de Honestidad y Justicia de Morena se manifestó y decidió “invalidar” el “viciado proceso” de elección de la bancada del partido en el Senado, por el que resultó electa la senadora Mónica Fernández Balboa para presidir el órgano legislativo.
Esta Comisión Nacional de Honestidad y Justicia no tiene facultades para entrometerse en las acciones de una bancada, por muy de Morena que sea. Pero en ese caso era necesario darle su talladita de espalda a Martí Batres, quien perdió la elección y pataleó por el resultado.
López Obrador mantiene el control de las dos Cámaras, gracias a que Morena cuenta con la mayoría en ambas. No obstante, los dos episodios ocurridos en los relevos de las Presidencias revelan los golpes bajos, las ambiciones y los duelos de fuerza que juegan quienes integran las bancadas. Todo sea por tener, retener y mantener el control y el poder. Si así fue ahora, qué será cuando tengan que definir las candidaturas rumbo a la elección de 2021.