Un tema que no debería estar siquiera en la agenda legislativa y que quita buena parte del escaso tiempo que dedican los legisladores a trabajar, es la revocación de mandato que se ha constituido como la prioridad del presidente López Obrador y de la fracción parlamentaria de Morena en el senado de la república.
Mientras que por un lado se discuten y seguramente se aprobarán las leyes secundarias educativas que ha impulsado la CNTE, por otro, la revocación de mandato mete ruido y contamina el quehacer legislativo en virtud de que las posturas son encontradas, aunque, viéndolo bien, ¿no sería mejor cumplir con lo que señala la Constitución y dejar que AMLO concluya su administración el 30 de septiembre de 2024?
Obviamente lo que quiere el tabasqueño con la “venía del pueblo”, es brincar el 2024 con la banda presidencial.
Este futurismo político es lo que paraliza al Congreso, ya que mientras unos se hacen chaquetas mentales con la permanencia en el cargo del presidente, otros, incluso plantean en mejor reducir el sexenio a cuatro años y permitir la reelección presidencial, en ese entendido podrían estar en la boleta nuevamente compitiendo, Felipe Calderón y Andrés Manuel López Obrador, tal como ocurrió en 2006 con los resultados que todos conocemos.
Es tanta la terquedad y la insistencia por la revocación de mandato, tal como sucedió en Venezuela con Hugo Chávez y con Nicolás Maduro, que la oposición con representación en la Cámara Alta, debería buscar contrapropuestas como acortar a cuatro años el periodo presidencial y abrir la reelección, como en Estados Unidos y así todos quedan satisfechos.
Unos, que quieren que AMLO se mantenga en el poder, otros, que desean que ya se vaya a su rancho; entonces, porque no plantear una decisión salomónica y dejar que se suban a la contienda electoral, incluso expresidentes como Felipe Calderón, Enrique Peña Nieto o el propio Vicente Fox, que tan activo anda.
Si analizamos bien las cosas, la revocación de mandato es una mamada, al igual que abrir la puerta a la reelección presidencial mediante el señuelo de la revocación de mandato.
Y si de jaladas hablamos, entonces de una vez que se vuelvan a enfrentar Felipillo contra Obrador y así todos contentos, sobre todo López Obrador que no se cansa en decir que en el 2006 le arrebataron con triquiñuelas el triunfo que alcanzó en las urnas.
Señores pónganse serios y mejor legislen en los asuntos torales para el país como las mismas leyes secundarias de la reforma educativa que de seguir como fue aprobada en la cámara de diputados, será otro de los estigmas de esta administración al entregarle la educación al CNTE.
¡No a la revocación de mandato y por supuesto no a la reelección presidencial¡ este sería el mejor camino para destrabar una infinidad de temas en el congreso, al tiempo de que el gasto desorbitado en los programas sociales de tinte electoral que ha impulsado esta administración, se reduzcan en beneficio, paradójicamente, de los más necesitados.