La crisis de liquidez que enfrenta la Organización de las Naciones Unidas actualmente se debe a que sólo ha recibido cerca del 70% de las contribuciones por parte de los Estados Miembro, es decir que sólo 129 países de los 193 que conforman la Organización han cumplido cabalmente con el pago correspondiente, resultando en una fuerte escasez de recursos económicos. Con este escenario, peligran trabajos como las operaciones de mantenimiento de paz, las reformas de la agenda 2030 de los Objetivos de Desarrollo Sostenible y las nóminas de la ONU.
México es uno de los diez grandes contribuyentes a las Naciones Unidas, y no es de sorprenderse que no haya aportado el pago agendado, al igual que Brasil, los Estados Unidos y Arabia Saudita, entre otros.
La Política Exterior Mexicana ha sufrido cambios desde el inicio de la 4T. La carente presencia internacional de Andrés Manuel López Obrador es el primer síntoma de una política retraída, sin cara definida y fortaleza tambaleante, lo que ha orillado al Servicio Exterior a ejercer tareas titánicas de representación para seguir validando el nombre de México en el escenario internacional.
El mismo presidente ha desestimado en varias ocasiones la importancia de implementar una agenda medioambiental efectiva enganchándose con la realización del Tren Maya y la construcción de la refinería de Dos Bocas, al mismo tiempo que en el interior de la República ha actuado con base en la estrategia de consultas a “mano alzada”, relegando a las instituciones existentes a un plano de aparente nulidad. Efectivamente, la política exterior va de la mano con la interior, y sin duda es lo que se está reflejando en el transcurso de la administración Morenista, que las instituciones en función desde hace décadas no presentan ninguna importancia para el presidente ni para su gobierno.
Es interesante ver que la Alianza Mundial de Inversionistas, a la que pertenecen distintas empresas privadas, se ha pronunciado a favor de contribuir en el presupuesto para la Agenda de Desarrollo Sostenible. Entre sus miembros se encuentra el presidente del Consejo Mexicano de Negocios, Antonio Del Valle Perochena, y otros empresarios más se están comprometiendo a cooperar, incluso con sus competidores, para invertir en el desarrollo sostenible. La cooperación va más allá de las fronteras territoriales, nacionales o identitarias.
¿Qué es lo que resulta de los diversos escenarios planteados? En primer lugar, los Estados empiezan a tener un rol más limitado y cada vez menos activo dentro de la misma ONU, y evidentemente en el sistema internacional. Esto se ve claramente ejemplificado con nuestro país bajo la administración lopezobradorista. En segundo lugar, no es nuevo que la actuación de los Estados se vea reemplazada por las empresas, pero esta coyuntura refleja que el orden estatalizado ha pasado a ser empresarial/financiero, pues son las propias empresas las que cuentan con el efectivo para sostener los proyectos de las Naciones Unidas, y terminan siendo las que se comprometen con la realización de la Agenda 2030 sin montarse en discusiones políticas o de poder como lo han hecho en distintas ocasiones ciertos miembros de las Naciones Unidas para contraer compromisos con el Medio Ambiente, tratados de No-Proliferación de Armas Nucleares, etc.
Finalmente, sólo queda preguntarse ¿cuál será el rol de los Estados en las dinámicas de la ONU? y si de verdad estamos presenciando un cambio del orden estatalizado, ¿esto se verá reflejado con una reforma, regeneración o destrucción de las Naciones Unidas?