- Lucrando con las tragedias
- Que siempre no fue el Estado
Dos tragedias ocurridas en 2006 y 2014 están siendo utilizadas por el presidente Andrés Manuel López Obrador y su gobierno con fines meramente propagandísticos. En ambos casos lucran con el sentimiento y el dolor de los familiares de las víctimas y les hacen ofrecimientos imposibles de cumplir a cambio de mantenerlos de su lado.
Nadie con sano juicio se atrevería a apostar que los cuerpos de los mineros fallecidos en febrero de 2006 en la mina de carbón Pasta de Conchos, en la región de Nueva Rosita, Coahuila, podrán ser recuperados. El accidente, provocado por una serie de explosiones en la mina, provocó que alrededor de 65 mineros quedaran atrapados en un túnel horizontal de 1.6 kilómetros. Algunos meses después de la tragedia, algunos cuerpos fueron recuperados, pero la conclusión de expertos internacionales que acudieron al sitio para colaborar en los rescates fue que sería imposible continuar con los trabajos de localización de los cuerpos sin provocar nuevas explosiones por gas metano que pondrían en riesgo a quienes trabajaban en las acciones.
De común acuerdo, las autoridades federales, estatales, la empresa Grupo México y el Sindicato Nacional de Trabajadores Mineros y Metalúrgicos -encabezado por el hoy senador por Morena, Napoleón Gómez Urrutia, posteriormente acusado de desaparecer un fondo minero por 55 millones de dólares-, decidieron terminar con las labores de recuperación de los cuerpos, y la mina fue cerrada definitivamente.
Casi catorce años después de la tragedia, la secretaria del Trabajo y Previsión Social, Luisa María Alcalde Luján, anunció esta semana el inicio de lo que denominaron la primera etapa de los trabajos de rescate de los cuerpos de los mineros, coordinados por el Servicio Geológico Mexicano. De acuerdo con lo que anunció la funcionaria, se realizarán estudios de agua, mecánica de suelos y gas para determinar el mejor método de recuperación de los cuerpos. Ello responde a una ocurrencia del presidente, lanzada el pasado 1 de mayo, en el marco del Día Internacional del Trabajo, en la que anunció la recuperación de los cuerpos.
Posterior al anuncio, la secretaria Alcalde organizó una reunión con familiares de los mineros accidentados en Pasta de Conchos, a la que sólo acudieron 10 personas. Los familiares no creen en las acciones anunciadas por el gobierno federal. Ellos conocen mejor que nadie las características de la región, y tienen claro que hablarles de recuperar cuerpos es un engaño.
El propio subsecretario de Minería se la secretaría de Economía, Fernando Quiroga, fue preciso al señalar que las acciones buscan recuperar restos de los mineros. “No se trata de recuperar cuerpos sino de agotar instancias y rescatar los restos que haya para atender la demanda de los deudos”, aclaró. Aún así, nadie se ha atrevido a asegurar que es posible recuperar al menos restos de los mineros. En declaraciones a la prensa de Coahuila, la propia secretaria Alcalde evadió responder si existe una posibilidad real de encontrar restos de los mineros a casi catorce años de la tragedia en Pasta de Conchos.
De igual forma, López Obrador y su gobierno lucran con la tragedia de Iguala, ocurrida en septiembre de 2014.
Desde su campaña por la Presidencia, López Obrador y sus seguidores propalaron versiones absurdas sobre el paradero de los estudiantes de la Escuela Normal Rural Isidro Burgos de Ayotzinapa, Guerrero, desaparecidos la noche del 26 de septiembre de ese año. Que los estudiantes estaban presos en cuarteles del Ejército Mexicano, que el narcotráfico los tiene sembrando mariguana y amapola en campos apartados del estado de Guerrero, que el Estado los tenía ocultos, fueron algunas de esas versiones. ¡Fue el Estado!, clamaban en diversas marchas y mítines en los que empezaron a usar el tema con lucro político, y en todas las cuentas de redes sociales afines al lopezobradorismo.
En la gira de trabajo que realizó este fin de semana por localidades del estado de Guerrero, el presidente López Obrador aseguró que el gobierno no ha dejado de buscar a los jóvenes de Ayotzinapa. “Cuando no se trata de crímenes de Estado siempre se llega a la verdad si hay voluntad política de la autoridad. Cuando son crímenes de Estado, entonces es muy difícil saber”, resaltó. En buen español, lo que López Obrador dijo es que la desaparición de los jóvenes normalistas no es un crimen de Estado, porque nunca lo ha sido. No puede ser que el sexenio anterior si fuera un crimen de Estado, pero el mismo crimen ya no lo sea en el actual gobierno. O sea, siempre no fue el Estado.
Si las cosas operaran de esa forma, entonces el actual gobierno estaría en posibilidades de abrir una nueva investigación sobre el asesinato de Luis Donaldo Colosio para dar con la verdad. Dejaría de ser un crimen de Estado, y los familiares de Colosio agradecerían de la misma forma como se supone agradecerán los familiares de los mineros de Pasta de Conchos y de los normalistas de Ayotzinapa.
Lucrar con los sentimientos y el dolor de los familiares de las dos tragedias descritas sólo es propio de desalmados. Al final del sexenio inventará un cuento para justificar su fracaso en la búsqueda de restos de los mineros, y otro para desviar la atención de lo que pasó en Iguala. Mientras tanto, el lucro político a todo lo que da.