Las conferencias de prensa matutinas del presidente Andrés Manuel López Obrador tuvieron su origen cuando el hoy mandatario ocupó la Jefatura de Gobierno de la Ciudad de México. En ese tiempo, López Obrador era el líder opositor más destacado y encontró en ese ejercicio mediático la mejor forma de robarle la agenda pública y política al presidente Vicente Fox.
Cada día entre semana, López Obrador acaparaba la agenda. Al mismo tiempo, agarró callo para hacerle frente a preguntas incómodas, para “batearlas” o simplemente evadirlas. También agarró callo para sembrar frases o ideas en el colectivo público.
Al inicio de su gobierno como presidente, López Obrador buscó repetir el ejercicio. Sin embargo, rápidamente se dio cuenta de que los resultados no podían ser los mismos de cuando fue Jefe de Gobierno. la principal diferencia es que ahora ya no es opositor, sino que él encabeza el gobierno del que los mexicanos esperan mucho. Sus dichos deben respaldarse con hechos - ¿o al revés? -, y los cuestionamientos ya no son tan fáciles de evadir.
Las conferencias de prensa matutinas ya no fijan la agenda pública política, pero sirven para fijar posicionamientos de los que nada ni nadie parece moverlo. López Obrador es el único que informa. Las conferencias mañaneras se han convertido en el espacio desde el cual el gobierno se manifiesta. Lo que no se dice en la mañanera, no existe.
Las mañaneras son el púlpito desde donde el mesías difunde su palabra. Los reporteros acuden ahí incluso para ventilar asuntos personales que requieren la atención presidencial porque nadie más puede poner solución. Hasta ahí acuden, incluso, personas del interior del país que tienen pendientes por resolver y sienten que en sus estados ya agotaron todos los recursos.
Y es que en las mañaneras se vierten en promedio hasta 13 promesas que no siempre se cumplirán. Además, en promedio se hacen hasta seis compromisos que tampoco necesariamente se verán cumplidos. Es lo de menos. Total, el presidente cuenta aún con un gran bono de aceptación popular y con un gran ejército de bots en redes sociales que contribuyen a posicionar las ideas vertidas en el púlpito matutino.
López Obrador le dio un viraje a las mañaneras. Ahora tienen un objetivo diferente. Los más recios seguidores del presidente han llegado a calificar las conferencias de prensa como ejercicios democráticos sin precedentes, en los que se transparenta la información y se rinde cuentas. Pamplinas, ni ejercicio democrático ni rendición de cuentas.
Las mañaneras son un vil ejercicio de propaganda, que le sirven a un presidente que se mantiene en campaña permanente y que no entiende otra forma de informar. El gobierno de López Obrador es el presidente y nadie más. ¿Alguien sabe qué hace la secretaria de Gobernación o el secretario de Hacienda?
En un gobierno totalitario que finge ser democrático, la fórmula de las mañaneras funciona muy bien. En una democracia real, las mañaneras ya habrían tenido consecuencias.