Hace unos días atrás se anunció triunfalmente la última firma del T-MEC. Es una medalla que se ha colgado la actual administración mexicana que tanto ha criticado y crucificado el neoliberalismo. ¿Qué otro símbolo tan representativo de este modelo existe que un Tratado de Libre Comercio? Ninguno.
El meollo del asunto es que los Estados Unidos de América ha encontrado el camino fácil para entrometerse de facto en asuntos internos de nuestro país. No es que no se hiciera antes pero lo distintivo de esta ocasión es que lo han hecho con bombo y platillo, con el Caballo de Troya llamado por los norteamericanos el USMCA.
Las condiciones interpuestas por la administración Trumpista, como la revisión periódica en territorio mexicano de la correcta aplicación de la nueva normativa laboral que México se ha comprometido a implantar como parte del nuevo acuerdo, ha sido marcada por parte de las autoridades mexicanas de falsa.
Tanto el subsecretario para América del Norte, Jesús Seade, como el presidente Andrés Manuel López Obrador, parecieron estar sorprendidos por esta supuesta nueva condición que ha sido introducida de manera “clandestina”. No obstante, decantaron por firmar.
Lo anterior nos lleva a preguntarnos: ¿acaso esto significa la pérdida del libre ejercicio de la política doméstica mexicana? O peor aún, ¿es esto un indicio de la pérdida de soberanía nacional? Son palabras mayores, claro, pero las condiciones bajo las que se dio la última firma necesaria, como por ejemplo la exclusión parcial de los empresarios, que eran un actor fundamental a tomar en cuenta para las negociaciones decisorias y así lograr la firma del Tratado, aparentan en su totalidad que, efectivamente, los Estados Unidos de América tienen paso libre y alfombra roja para manejar a sus intereses la política mexicana y su facilitador es lamentablemente el gobierno de López Obrador.
El cuadro completo deja ver que México está otorgando más de lo que el país vecino está dando a cambio, y es lamentable decir que la relación actual con los Estados Unidos es, más que cordial, de subordinación. Nos queda estar a la expectativa de cómo se irá desarrollando esta nueva relación de sumisión.