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Desde San Lázaro. Con alfileres el proyecto de AMLO. Por: Alejo Sánchez Cano Destacado

08 Ene 2020
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Aparentemente el 2020 es un  año sin sobresaltos políticos, sin embargo, es el periodo de preparación para llegar con cartas ganadoras rumbo al 21,  elecciones intermedias, en donde se renovará la cámara de diputados federal, amén de 14 gubernaturas y más de 1700 puestos de elección popular a nivel nacional.

Sin una oposición de peso, Morena presenta escisiones internas de relevancia que les pasará factura por parte de los votantes y por supuesto a su jefe máximo, aunque este trate de desmarcarse.

Existen diversos factores que incidirán en las preferencias electorales en torno a las intermedias, que van desde la eficacia del gobierno en temas como el combate a la inseguridad pública, la economía, la estabilidad social y la misma gobernabilidad, hasta la aparición de nuevos actores políticos, a través de los nuevos partidos políticos que el INE avalaría en función del cumplimiento de todos los requisitos que mandatan los ordenamientos en cuestión.

Estamos hablando del partido político de Margarita Zavala y Felipe Calderón, el del SNTE, de Alfonso Cepeda Salas y otras organizaciones ubicadas en el ámbito religioso.

Como amenazas al orden político y de gobernanza, está el proceso electoral que se vivirá con toda intensidad en Estados Unidos, en el cual Donald Trump tiene considerado a México y su gobierno como un “aliado obligado” en su proyecto reeleccionista.

Los conflictos internacionales en donde nuestro vecino del norte juega un papel protagónico, sin duda moverán al país, conforme el oleaje arrecie.

Con un Paquete Económico 2020 endeble, en virtud de que los Ingresos estimados no llegarán a cristalizarse y en contraparte las presiones al mismo presupuesto serán excesivas, sobre todo por las ocurrencias del titular del ejecutivo federal que inventa nuevos programas que conllevan relevantes recursos económicos, verbigracia, dos mil 700 sucursales del Banco del Bienestar.

El proyecto de mantener el poder más allá de la frontera sexenal, no obstante que gran parte del andamiaje institucional lo tiene cooptado AMLO, está soportado por alfileres y depende de múltiples variables que buena parte de ellas, está en sus manos, pero otras, no tiene injerencia alguna y si ponen en riesgo la hegemonía política de la 4T.

El panorama no luce nada halagüeño para México y por ende a su gobierno, por eso AMLO requiere no solo apropiarse de la agenda mediática  y pagar encuestas a modo, sino de hechos que generen una narrativa de éxito y bienestar para los mexicanos.

El ejército de simpatizantes que se construye mediante los programas asistenciales, están acotados a los mismos recursos presupuestales y sobre todo a la misma convicción política de los benefactores que si bien es cierto que reconocen a su mecenas, también es una realidad que no están casados con “nadie” y menos cuando en sus localidades permanece la pobreza, la marginación y la carencia de oportunidades.

Las benditas redes sociales y el activismo de la sociedad es otra herramienta disruptiva a la hegemonía que se pretende imponer y el papel que jugarán en el 21, tal como sucedió en el 2018, serán determinantes.

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