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Se tenía que decir… El presidente indolente. Por: Santiago Cárdenas. Destacado

19 Feb 2020
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El recuerdo de Ingrid Escamilla, descuartizada por su pareja, aún se encontraba fresco cuando el país volvió a sacudirse por el secuestro y asesinato de Fátima Cecilia Aldrighett, de siete años. Ambos casos hicieron explotar, nuevamente, la indignación de un país que padece desde hace años una crisis de violencia desbordada que se ha alojado en el territorio nacional.

 

La crisis de inseguridad no se ha atajado por lo que es, sino como un tema político. Por ello, hoy el presidente Andrés Manuel López Obrador le echa la culpa a sus antecesores y ¡al neoliberalismo!

 

Temas como el de los feminicidios, la inseguridad en general y el desabasto de medicamentos esenciales para el tratamiento de padecimientos como el cáncer en hospitales públicos, han puesto contra la pared al presidente López Obrador y han puesto a su ejército de aplaudidores a trabajar horas extra para enfrentar los reclamos que se le hacen en las redes sociales.

 

La gran decepción es que lo que se esperaba de un gobierno que se hacía llamar progresista era al menos un poco de empatía con las víctimas. Las mujeres, en especial, los padres de niños con cáncer y las víctimas de la inseguridad en el país no se encuentran en el radar de López Obrador, y en vez de empatía han recibido desdén y acusaciones que no se justifican ni se apegan a la realidad.

 

En la lógica lopezobradorista, los reclamos de estos grupos responden a intereses políticos generados desde la derecha para desestabilizar al gobierno. Responden también a intentos de lastimar su imagen.

 

El presidente prefiere cuidar su imagen que mostrar empatía con estos grupos que reclaman justicia y derechos humanos. Ninguno de ellos ha recibido atención por parte de la nueva CNDH, que encabeza Rosario Piedra, y que muy pronto dejó claro que su labor no sería vigilar a la autoridad, sino solaparla en sus faltas, en sus desatenciones y en sus excesos. Por eso, si el presidente se exhibe y evita hablar de los feminicidios en el país para que “no le maten la nota”, sus aplaudidores justifican y acusan a las mujeres de violentar estatuas y paredes. El presidente indolente también les pide a las feministas, con todo respeto, por supuesto, que no pinten las paredes ni las puertas de Palacio Nacional. Hagan sus reclamos, quéjense, lloren y manifiéstense, pero no me pinten las puertas ni las paredes, parece decir.

 

El feminicidio, la inseguridad y el desbasto de medicamentos no forman parte de la agenda de atención ni de las prioridades del gobierno. Los temas que sí se incluyen son la supuesta rifa del avión presidencial y la cena con empresarios para extorsionarlos. Ah, no, perdón, para pedirles su apoyo económico voluntario que le permita juntar dinero que se destinará a la compra de equipo médico, como si no fuera obligación del gobierno adquirir ese equipo.

 

El discurso en el que aseguraba que con la venta del avión presidencial pagaría caminos, equipo médico, equipamiento de hospitales y muchas otras cosas más, ya no puede ser utilizado.

 

La decepción general es la indolencia del presidente supuestamente progresista. Y a esa se suma su incapacidad, su falta de recursos políticos, su negligencia y falta de honestidad, que están sumiendo al país en crisis de violencia y de inseguridad, y ponen a la economía del país al borde del colapso.

 

Los temas en los que no muestra empatía son aquellos que terminarán siendo su Waterloo, son aquellos que no ha sabido manejar por privilegiar su imagen, y son aquellos que las víctimas le recriminarán.

 

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