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Se tenía que decir… El apostolado y martirio presidencial. Por: Santiago Cárdenas. Destacado

16 Mar 2020
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 El presidente Andrés Manuel López Obrador debe tener alguna información que el resto de los mexicanos desconocemos, al menos en el tema de los cuidados que se deben seguir para evitar ser contagiados con el coronavirus. Él no atiende las recomendaciones de la Secretaría de Salud, y además asegura que los infortunios y las pandemias “no nos harán nada”.

 

El manejo de la información sobre el tema por parte del gobierno federal ha sido, por decir lo menos, raro. Nadie entiende por qué la Secretaría de Salud “sugiere” que se suspendan actividades masivas, menos el Vive Latino. Nadie entiende por qué suspenden clases en todo el país, adelantando incluso las vacaciones de Semana Santa, y no hay una “sugerencia” al presidente para que cancele sus mítines y eventos públicos masivos.

 

Ese manejo esquizofrénico en el gobierno federal no es extraño. Así ha sido desde el 1 de diciembre de 2018. Lo que no se entiende es la necedad de ponerse en riesgo sin necesidad.

 

El argumento presidencial es que si suspende sus eventos públicos y las conferencias de prensa mañaneras lo “tumbarían” sus adversarios. En este tema también pone por delante la paranoia de que hay grupos políticos interesados en deponerlo. En respuesta a una pregunta directa sobre si evaluaría medidas extraordinarias como la cancelación de la conferencia matutina, el mandatario refirió que son el medio para informar directamente a la población sobre la situación del país.

 

¿Qué pasaría si el presidente resultara contagiado del coronavirus COVID-19? ¿Es responsable no atender las propias sugerencias de la Secretaría de Salud de su propio gobierno? ¿Con qué autoridad podría él pedir a la población acatar las recomendaciones de la Secretaría de Salud, si él mismo desacredita a sus funcionarios al no atenderlas?

 

México cerrará esta semana con 53 casos confirmados de COVID-19 de los cuales dos son graves. Uno de éstos es el empresario José Kuri Harfush, quien regresó de Vail hace un par de semanas. De igual forma, el número de casos sospechosos se incrementó a 176.

 

Este parece ser el inicio de la verdadera crisis del coronavirus en el país.

 

México tiene ante sí una serie de circunstancias propias que deberán ponerse a prueba. Por ejemplo, en breves semanas debe desarrollarse la representación de la Pasión de Cristo en Iztapalapa. La Secretaría de Salud ya ha emitido su recomendación de cancelarla este año, por obvias razones, aunque aún no se define lo que ocurrirá. Se puede prever la cancelación del evento como una medida tendiente a no exponer a una gran cantidad de población a posibles contagios.

 

De igual forma, las zonas arqueológicas del país registran eventos especiales multitudinarios en el inicio de la primavera. El gobierno de Yucatán ha anunciado que Chichén Itzá y Dzibichaltún, dos emblemáticas zonas arqueológicas que registran la llegada de la primavera con imponentes espectáculos de luz y sombra, permanecerán cerrados durante el equinoccio de este mes.

 

Estas son dos muestras de la importancia de la prevención.

 

Todo ello no parece importar al presidente. Por el contrario, le brindan la oportunidad de aparecer como un apóstol que no debe desviar la ruta de su misión, y menos por un simple virus que no sabe con quién se mete.  

 

Que nadie se atreva a sugerirle al apóstol San Andrés que pare su destino. Él se encuentra en este mundo para recorrer el país llevando su palabra y difundiendo su gran obra. Un contagio sería, de presentarse, un episodio inesquivable que lo llevaría al martirio escrito en su destino.

 

Sus corifeos, fieles seguidores, se encuentran en la disyuntiva sobre si deben apoyar o no que el presidente siga con sus actividades y se ponga en riesgo. Como en todo momento, dejarán que sea él quien decida y ellos acatarán esa decisión.

 

El presidente se siente apóstol y busca ser mártir. De verdad, qué irresponsable.

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