El mundo enfrenta actualmente dos tremendas crisis. Una netamente económica y otra de salud que repercute también en el ámbito económico y social de todo el orbe.
Ambas crisis ponen a prueba a los distintos gobiernos en la forma en que las enfrentan. Unos gobiernos muestran decisión. Otros, un poco más temerosos, toman medidas tibias, y otros más simplemente permanecen inactivos.
La crisis económica ha sido provocada por el diferendo entre la OPEP y Rusia por el tema de los precios y los niveles de producción del petróleo. En conjunto con la otra crisis, la del coronavirus COVID-19, tiraron las bolsas de valores del mundo en días anteriores.
La crisis económica se agravó con la decisión de la FED de Estados Unidos de bajar las tasas de interés a niveles históricos. Los mercados especulativos no esperaban esta decisión. Por el contrario, esperaban que hubiera un aumento que aumentara confianza en la inversión.
México es un caso sui géneris. En ambas crisis, el gobierno medio actúa y medio informa, y por ello ha creado sus propias crisis internas.
En la crisis económica, a México hasta ahora le ha ido muy mal: el dólar alcanzó los 23 pesos, marcando un récord histórico; el barril de petróleo mexicano de exportación se desplomó 22% respecto al fin de semana pasado y cerró en 18.78 dólares por barril, su cotización más baja desde el 6 de marzo de 2002. Con este precio, el promedio en lo que va del año es de 45.88 dólares por barril, debajo de la cotización de 49 dólares sobre la cual el gobierno mexicano diseñó el presupuesto para este 2020.
En la crisis del COVID-19, México tampoco parece encontrar el rumbo. Mientras el mundo tiene prisa por tomar acciones definitivas y con fuerza, México camina con calma, reta al virus y le muestra el pecho.
El vocero designado por el propio gobierno, el subsecretario de Salud, Hugo López Gatell, ha llamado tibiamente a la sociedad a refugiarse y a evitar concentraciones, pero es incapaz de detener las giras presidenciales en las que Andrés Manuel López Obrador saluda, abraza y besa a la población sin recato alguno y sin atender las propias recomendaciones del subsecretario.
El gobierno mexicano no ha anunciado ningún plan de apoyo para los sectores económicos que resultarán afectados por ambas crisis, principalmente la sanitaria. Cientos, miles de pequeños y medianos empresarios ya muestran nerviosismo porque no saben qué pasará con sus negocios durante este periodo de recogimiento.
Esa parte no importa al gobierno mexicano, que ha anunciado que los programas sociales no se verán afectados “pase lo que pase”. A la campaña disfrazada de gobierno no le importan las afectaciones que puedan tener las pequeñas y medianas empresas, sin ponerse a pensar que son éstas las que generan casi 80% de los empleos del país.
El presidente se mantiene en lo que ha establecido desde el inicio de su gobierno: mantenerse como la única fuente de información y acaparar la discusión pública. Se equivocan quienes dicen que la conferencia de prensa mañanera es para imponer agenda. En realidad, es un ejercicio de propaganda para generar distracción e imponer ideas.
Pero también deja claro su abandono a una gran parte de la sociedad, que debe rascarse con sus propias uñas porque el gobierno no mira hacia ella.
En lo que es su prioridad, mantener el poder en las próximas elecciones y privilegiar la ideología por sobre la ciencia y las acciones responsables, el presidente estará cavando su propia tumba. Manejar de manera irresponsable las dos crisis le pasará la factura.