Bien por los gobernadores que han tomado las medidas necesarias para proteger a los habitantes en las entidades que gobierna de la amenaza que representa el Coronavirus, mal por aquellos que han soslayado el tema a grado tal que han puesto a la población en riesgo.
Entre los mandatarios estatales que se han aplicado sin duda, están Juan Manuel Carreras, de San Luis Potosí, Quirino Ordaz, de Sinaloa, Enrique Alfaro, de Jalisco, Alfredo del Mazo, Edomex, entre otros, aunque hay que mencionarlo, en esta lista hay que incorporar a Claudia Sheinbaum de la CDMX, quien entró en un conflicto de interés con su mentor, el presidente de la república, al cerrar obligatoriamente diversos giros comerciales, deportivos, religiosos y hasta museos, hecho que de ninguna manera ha recomendado Andrés Manuel López Obrador.
También hay que mencionar a Omar Fayad, de Hidalgo, Claudia Pavlovich de Sonora; Diego Sinhue Rodríguez, de Guanajuato; Francisco Domínguez, Querétaro; Jaime Rodríguez, Nuevo León y Mauricio Vila, de Yucatán. Es decir son casi una veintena de mandatarios estatales que, incluso peleando contra la federación, han decidido por decisión propia, buscar esquemas de protección total a sus gobernados.
El escenario dantesco que se avecina sobre México no es exagerado, toda vez que la capacidad hospitalaria, tanto pública como privada, es limitada y por ello no estaría en condiciones de atender la demanda que, en los cálculos más conservadores, sería en el mismo sentido que tiene España o Italia.
Así las cosas, por ello son encomiables, las medidas de esos gobernadores que por un lado limitan el contacto personal para evitar que sea mayor el contagio y por otro, protegen a la planta productiva de los estados que gobiernan, amén de velar por los sectores más desprotegidos de la sociedad.
Cierto, el dilema entre cerrar totalmente para proteger vidas humanos se contrapone con el desarrollo normal de las actividades económicas, lo que subyace en esa disyuntiva, es precisamente lo que marca la diferencia entre un estadista y un mediocre timorato.
La concepción del gasto público en cuanto a sus prioridades, está muy definida en la mente del presidente López Obrador y en estas no está contemplado por desgracia, la atención de COVID-19 ni sus estragos económicos.
Presupuesto existe para atender la crisis, solo es cuestión de voluntad política para rencauzar el gasto, es decir parar Santa Lucía, Dos Bocas, y el Tren Maya, así como dejar de fondear los programas político-asistenciales de AMLO, para dirigir esos recursos a aumentar la capacidad de respuesta hospitalaria y por otro lado, apoyar a todo tipo de empresas afectadas por la crisis, así como crear programas sociales de coyuntura para no dejar en el desamparo a las personas que viven al día y que seguramente perderán sus nimias fuentes de ingresos.
Por ello, es encomiable los planes de contingencia que despliegan esos gobernadores, que decidieron ser solidarios con la gente de sus estados, apoyándolos tanto en atención médica, como en apoyos económicos.
Las crisis del coronavirus, no es una entelequia o un invento de alguna potencia extranjera, simplemente se trata de la mayor amenaza que ha tenido la humanidad desde las dos guerras mundiales.