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Se tenía que decir… El Presidente incapaz. Por: Santiago Cárdenas. Destacado

25 Mar 2020
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La pandemia del coronavirus y la crisis de los precios del petróleo, juntos, provocaron un desorden mundial que hoy hace prever una recesión económica global sin precedentes.

Los distintos países se preparan para hacerle frente protegiendo a su población con medidas económicas que buscan atenuar el golpe y que la caída sea lo menos profunda posible. Estos países toman medidas de beneficio general.

En México, esta crisis conjunta vino a desnudar la pobreza intelectual y la incapacidad para gobernar de Andrés Manuel López Obrador. Al eterno gran opositor le quedó grande la responsabilidad de gobernar el país, y más aún la de conducirlo en momentos de crisis.

Como ya habíamos comentado con anterioridad, López Obrador es la burla mundial. Otros mandatarios y medios de comunicación de diversas partes del mundo han comentado sobre su forma de gobernar. Se ríen y se burlan, por ejemplo, de que ante la crisis el presidente de México sólo acierte a decir que una imagen religiosa guardada en su cartera, junto con un trébol y un billete de un dólar, le protegen. Se mofan de que el presidente sugiera a los mexicanos encomendarse de igual forma para salir librados de la crisis. Se burlan de que el presidente encabece concentraciones populares en las que exhorta a la gente a abrazarse y a ignorar las recomendaciones sanitarias para evitar contagios.

El ridículo diario también se ha traducido en una estrepitosa caída en la popularidad del mandatario: durante un mes ha registrado caídas de 0.5 puntos porcentuales cada día y al 24 de marzo se situó en 50.5%, su nivel histórico más bajo. Su aceptación popular viene en picada desde octubre pasado, luego del episodio denominado como “Culiacanazo”, en el que fuerzas federales dejaron libre a Ovidio Guzmán, hijo de Joaquín “El Chapo” Guzmán.

Una de las principales fortalezas de López Obrador es su gran arrastre popular. Sin embargo, la caída en sus niveles de aceptación indica que cada vez más gente que lo apoyó en 2018 hoy no está dispuesta a hacerlo de nuevo. Muchos de quienes votaron por él, hoy votarían por un candidato diferente. Hoy, López Obrador no es tan popular como en el 2018.

Pero no sólo han sido las circunstancias las que han acabado con la popularidad de López Obrador. Sus propias decisiones también han influido. La cancelación del aeropuerto de Texcoco fue la primera que dio un fuerte golpe a la confianza de los inversionistas. La reciente cancelación de la instalación de una mega planta cervecera en Mexicali, que representaba una inversión de más de mil 600 millones de dólares, terminó minando la poquísima confianza que aún había en México. Hoy, lamentablemente, ningún inversionista extranjero está dispuesto a traer sus capitales al país con el riesgo de que su inversión sea cancelada al poco tiempo por un gobierno que cada vez más se distancia de la iniciativa privada.

Pero sería ingenuo pensar que López Obrador no mide sus golpes. Cada una de sus decisiones lleva una intención, equivocada, pero la tiene. En el caso de esta última cancelación, la verdadera intención es llevar la planta cervecera de Constellation Brand a Tabasco. Las autoridades estatales ya se han manifestado y han ofrecido facilidades para la mudanza de Mexicali hacia Tabasco.

Pero acciones como ésta no son suficientes para responder a las necesidades de un país que hoy está en crisis, y que parte de esta misma crisis fue provocada por el gobierno de López Obrador. Ya en 2019 la economía cayó y decreció, todo ello sin crisis económica mundial ni coronavirus de por medio.

López Obrador es un presidente incapaz, a quien la Presidencia le quedó enorme. Para López Obrador, su papel como líder opositor fue lo más destacado en su vida política. Sin embargo, no ha podido dejar atrás ese rol. López Obrador no sabe gobernar, a pesar de que cuenta con el apoyo de la mayoría en las Cámaras, un privilegio del que no gozaron sus antecesores de Zedillo para acá. Es un presidente con poder, pero sin ideas; un mandatario con respaldo político, pero anclado al pasado; un presidente que navega con bandera de liberal, pero vive entregado a la ideología y a un sentimiento de moralidad.

López Obrador no es el líder que México reclama en estos tiempos. Es, lo ha mostrado en poco tiempo, un presidente incapaz.

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