En momentos en que los números son claramente desfavorables para Andrés Manuel López Obrador y su gobierno, el presidente intenta sacar un conejo de la chistera para levantar su credibilidad y su popularidad, con la intención de no perder las riendas de gobernabilidad que parecen soltársele de las manos.
Para este momento, el coronavirus le ha pegado a más de 5 mil mexicanos, y 406 han muerto por padecimientos relacionados con el COVID-19. El número de casos sospechosos incrementó a 10 mil 792, y entre el lunes y el martes el número de muertes aumentó en 74.
Además, la Secretaría de Salud está investigando 90 decesos sospechosos adicionales a los 406, pues tenían un cuadro sintomático que coincide con el de COVID-19. Esto quiere decir que el número de muertes por coronavirus en el país podría ser de 496.
Hasta hace unas semanas, el mensaje presidencial invitaba a los mexicanos a abrazarse, salir a comer. “Yo les diré cuando deban dejar de salir”, aseguraba el mandatario. ¿Alguna de esas 406 personas que fallecieron pudo haberse salvado si desde hace semanas el mensaje del presicente hubiera sido distinto? ¿Algunos de los más de 5 mil mexicanos contagiados podría haber evitado enfermarse si López Obrador hubiera convocado a la sociedad a mantenerse en casa desde hace semanas y no hubiera desdeñado a la enfermedad?
Para este momento, otra cifra preocupante para el presidente es el dinámico descenso que ha registrado su aprobación, que hoy está en 46.5%, contra 53.2% que desaprueba su gestión. Es el peor nivel de popularidad que López Obrador ha tenido históricamente.
Quizás por ello, el presidente López Obrador está haciendo un intento por salir de las aguas pantanosas en que lo ha metido el coronavirus, para regresar al terreno netamente político en el que se desenvuelve mucho mejor y en el que él mismo se siente mucho más cómodo.
El presidente ha lanzado una manzana envenenada, que llegará al Congreso en forma de iniciativa, para intentar adelantar para el próximo año la fecha de la revocación de mandato, programada para 2022. La Constitución señala que la revocación de mandato sería en el cuarto año de gobierno, y no en 2021.
López Obrador “ofreció” a la oposición adelantarla para 2021, con lo que se juntaría con la elección intermedia de junio del año próximo, con el argumento de que “el pueblo” decida si él debe dejar la Presidencia. Todo mundo sabe que ello le permitiría justificar una campaña permanente, y le daría la oportunidad de aparecer nuevamente en la boleta junto con los candidatos de su partido, Morena, que también ha caído dramáticamente en la intención popular y hoy está en niveles de 18%.
El presidente López Obrador debería dedicarle hoy el cien por ciento de su tiempo y de sus esfuerzos a atender la emergencia provocada por el COVID-19, tanto en el plano sanitario como en el económico, y dejar de lado los temas políticos que no son urgentes ni merecen la pena someter al debate nacional.
El mandatario peca hoy de poca sensibilidad y de nula cercanía con los afectados por el COVID-19, al igual que lo hizo hace semanas cuando arengaba a la gente a abrazarse. En momentos en que los trabajadores de la salud en varias partes del país se manifiestan en contra de las pocas condiciones que tienen para trabajar de manera segura, el presidente López Obrador se muestra más preocupado por su popularidad que por atender la emergencia sanitaria.
En las elecciones de 2021 se pondrá en juego la mayoría de Morena en la Cámara de Diputados, y de acuerdo con las últimas encuestas el partido en el gobierno tiene sólo 18% de las preferencias electorales, 15 puntos menos que en enero pasado, cuando registró 33%, y 28 puntos menos que el nivel máximo de apoyo que alcanzó en los primeros meses del gobierno de López Obrador, de 46%.
Con todos estos números en contra, el presidente deja a un lado la atención de la emergencia y busca mover al Congreso para que aprueben adelantar la revocación de mandato que le permita en 2021 aparecer con nombre y apellido en las boletas, y de esa forma dar un empuje a su propio partido. Al presidente le urge garantizar que Morena mantenga su fuerza legislativa y la mayoría en la Cámara de Diputados. El presidente empieza a resentir la baja en su popularidad, que ha caído durante 15 semanas consecutivas.
Al presidente no le importa la emergencia. A López Obrador, lo que de verdad le importa es que su partido gane nuevamente la mayoría en la Cámara de Diputados en 2021 para caminar tranquilo la segunda mitad de su sexenio.
El coronavirus pasa a segundo término. Lo primero es la grilla, la politiquería desde Palacio Nacional.