ABRIL 2020
El Covid-19 ha cambiado al mundo, nada será como antes, esa frase que ya es aspiracional es una ilusión.
Debemos aprender a vivir con la nueva pandemia, tanto en los cuidados médicos y sobre todo en como resistir el brutal impacto económico del coronavirus, plaga que llegó para quedarse.
Los gobiernos están en la fase de proteger a sus poblaciones y bien por ellos, pero también buena parte de los jefes de gobierno, lanzan programas inéditos de rescate a sus economías.
En México en ambas pistas estamos desfasados, ya que el tema de salud y sanitario se retrasaron los protocolos de protección a la población, por lo menos tres semanas, amén de que hasta la fecha no se han extendido las pruebas de detección, por lo que en unos días la saturación en hospitales y panteones será dantesca.
Creen que con ocultar las cifras reales de contagiados y muertos, van a contener la pandemia, están muy equivocados y el tiempo, por desgracia lo va a demostrar.
Pero más grave que los impactos en la salud de la gente, es el golpe económico a millones de mexicanos que se han quedado de la noche a la mañana sin su sustento diario y que desesperados observan como el presidente López Obrador se ha olvidado de ellos.
Tuvo que salir la Iniciativa Privada y los gobiernos de los estados, además, claro está, la misma sociedad a tenderle la mano a esos mexicanos que no tienen bocado que llevarse a la boca o aquellos que han perdido su trabajo y están metidos hasta el cuello en deudas y compromisos.
Todos ellos merecen una respuesta positiva del gobierno para paliar sus necesidades, de no hacerlo AMLO pasará a la historia como un presidente que no supo o no quiso estar a la altura de las circunstancias.
El dinero de los impuestos debe canalizarse a la gente y no a obras de relumbrón que no tienen sentido de ser como el nuevo aeropuerto de Santa Lucía, la refinería de Dos Bocas, y el Tren Maya.
Aún es tiempo señor presidente de reconsiderar sus prioridades y dedicarse a la atención de los problemas de todos los mexicanos.