El tiempo pasa y nadie se ocupa del pueblo que urgido del sustento diario, observa como los políticos hablan de todo menos de lo importante, la propia subsistencia de millones de mexicanos que con el parón a la economía por culpa del Covid-19, andan con el Jesús en la boca, porque muchos de ellos no tienen para lo más básico del sustento diario.
No me cree, haga un recorrido en cualquier ciudad del país, ya no digamos poblaciones que están alejadas de las migajas de la 4T, y pregunte a quien guste sobre lo complicado que está ganarse unas monedas para llevar a casa algo para la familia.
Y eso que todavía no entramos a la Fase 3 de la contingencia, porque entonces ahí, tendría que salir la Guardia Nacional y el ejército a patrullar las calles y no para impedir que circule la gente, sino para evitar robos y saqueos.
Qué espera el presidente López Obrador para lanzar una gran cruzada de apoyos para la población, si para los más pobres y para aquellos clase medieros que se han quedado sin chamba.
Se habla que el gobierno federal no tiene recursos suficientes para apoyar al grueso de la población y si es cierto, mientras no dejen de tirar el dinero público, producto de los impuestos de todos, a dos obras que ahora más que nunca no tienen razón de ser: el nuevo aeropuerto de Santa Lucía y la refinería de Dos Bocas.
El desplome de viajeros en el mundo ha puesto a las líneas aéreas de todos tamaños, en peligro de quiebra, no solo por el momento actual que se vive, sino por las perspectivas de crecimiento en el mediano plazo, hablamos de uno a tres años, en ese periodo no se observa cómo se podría regresar a niveles de normalidad que se tenían hasta antes de la pandemia.
En ese sentido para qué diablos se requiere un nuevo aeropuerto que nunca iba a resolver la demanda y ahora que se revirtió esa situación, por el mismo desplome de viajeros, pues, ya no se necesita.
Santa Lucía representa un desperdicio mayúsculo de recursos públicos ya que ahora no tiene razón de ser.
El culpable de este daño al patrimonio de la nación., tiene nombre y apellido y despacha en Palacio Nacional.
Ese mismo personaje ha impulsado hasta la terquedad la construcción de la refinería de Dos Bocas que, al igual que el aeropuerto de Santa Lucía nacerá muerto, ya que si alguna vez se inaugura no servirá para nada, debido a que los combustibles fósiles están condenados a la desaparición y si a eso le agregamos que la demanda del petróleo se ha desplomado en el mundo y así seguirá por lo menos otros cinco años, pues para que hacer una refinería que terminará procesando a precio alto el petróleo mexicano que casi no costará nada, para al final del día tener gasolinas que serán más baratas en otros países del mundo de los cuales se podrá importar.
Santa Lucía y Dos Bocas deben parar su construcción de inmediato y ese dinero canalizarlo para apoyar a la economía y en general a la población, mediante apoyos directos a los sectores sociales más desprotegidos, aunque no estén en los padrones de programas sociales de AMLO y sobre todo ese dinero público debe canalizarse al rescate de las Mipymes, quienes mantienen al 80 por ciento de los empleos formales del país.
Hasta el momento ya suman miles de empresas que solo pudieron pagar la quincena de ayer y cerraron y las que faltan están a un tris de que ello ocurra.
Qué espera López Obrador para salvar el empleo formal del país y ayudar a las clases sociales más necesitadas, bueno el mismo lo dijo el lunes, “Vámonos a la revocación de mandato en 2021” y ya con el voto a mi favor, apoyaré a mi pueblo.