La mayor crisis que ha enfrentado nuestro país está a la vista y ello ha dejado al descubierto las verdaderas intenciones de muchos personajes de la vida pública, principalmente del presidente de la república.
A lo largo de la historia del mundo se han repetido capítulos en los cuales ante una crisis sale a relucir la templanza y la altura de miras de los gobernantes en turno, quienes han sabido llevar a sus naciones al otro lado de la orilla.
Así paso, por ejemplo en la segunda guerra mundial con Winston Churchill y su liderazgo mostrado al frente del Reino Unido, por solo citar a un gran personaje de la historia mundial.
En cambio, otros, no solo rehusaron cumplir con su responsabilidad histórica de sacar a su pueblo de la guerra, la hambruna y la enfermedad, sino que hundieron con sus decisiones a sus gobernados.
Las grandes dificultades, los mayores obstáculos, ponen a prueba a las personas y en esos casos, la mayoría no sabe resistir a la tempestad.
En momentos que la pandemia avanza irreductiblemente en países que soslayaron su intensidad, se observan más contagiados y por desgracia más fallecimientos y ello a pesar de la manipulación criminal de las cifras por el Covid-19.
En nuestro país, ya es un hecho la saturación de los hospitales públicos y casi en todos los privados que atienden a los enfermos del coronavirus y ello desnuda a las cifras reales de infectados y esto que apenas empieza, sobre todo porque nadie a ciencia cierta sabe cuántos mexicanos tienen el virus en este momento debido a que no se están haciendo pruebas masivas de detención.
Tan solo se habla de estimaciones y en el mejor de los casos de resultados de proyecciones matemáticas, pero a ciencia cierta no hay cifras reales del alcance de la pandemia, aunque si consideramos a nuestros vecinos del norte en donde hay más de un millón de infectados y más de 55 mil muertos, pues, entonces, estamos en la antesala del infierno.
La crisis de salud, ya de suyo gravísima, palidece ante la crisis económica que ha dejado sin empleo en términos conservadores, a más de un millón de mexicanos y mucho más a aquellos que se mueven en la economía informal.
Ante este escenario dantesco, la pregunta salta de forma automática ¿qué ha hecho el presidente López Obrador? La respuesta es muy simple, sacar raja política del desastre.
Capitalizar para su causa que es la de mantenerse en el poder, el dolor de los mexicanos, sobre todo de aquellos que dice defender, los más pobres y de la clase media se ha olvidado, de esos que trabajan en mipymes, en donde laboran no más de seis personas.
El proyecto hegemónico del populismo que ha echado raíces en América Latina no tiene entre sus prioridades consolidar a las clases medias de la región, al contrario la pretensión es aniquilarlas para que así vivan de los subsidios del gobierno.
Los programas sociales de López Obrador, tienen un objetivo soterrado de ampliar su base electoral para cuando sean requeridos defender en las urnas o mediante, incluso las armas, a su gobierno benefactor.
Cuando analizamos todos los sucesos bajo la anterior óptica se esclarece por arte de magia, todos ellos.
Por ejemplo, por qué quiere el presidente hacer del presupuesto de la Federación su partida secreta y manejarla a su antojo.
Por qué le incomodó el modito de que el Consejo Mexicano de Negocios con el BID hayan acordado un rescate ambicioso para rescatar el empleo y las pequeñas empresas, pues porque ello no le deja votos ni simpatías.
Y así podríamos poner varios ejemplos, para entender las decisiones que está tomando el presidente para afrontar la crisis.
La pandemia y sus efectos han obligado a quitarse el antifaz y mostrar la verdadera cara de los gobernantes y López Obrador ya mostró la suya