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Se Tenía Que Decir… Un México Maravilloso. Por: Santiago Cárdenas. Destacado

25 May 2020
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El presidente Andrés Manuel López Obrador ha encontrado la solución, y trabaja fuertemente en ella para sacar al país de todos sus problemas: la grave crisis económica que amenaza con acabar con más de un millón de empleos, la inseguridad que cada día se desborda más y un sistema de salud desbordado, sin pies ni cabeza, y con serios rezagos.

 

El presidente está decidido a echar a andar a su gabinete para que se cumplan todas sus promesas de gobierno y el país llegue a niveles de bienestar envidiables. Como lo dijo, un sistema de salud como el de los países nórdicos, bienestar como los países más desarrollados y equitativos, ningún mexicano sin empleo o sin escuela, y todos felices, felices.

 

La solución es muy simple. Él siempre lo dijo: gobernar no tienen ninguna ciencia, es muy sencillo, y hoy nos da una lección a todos los mexicanos que, incluso, podrá ser una gran aportación a otras naciones. En una de esas, hasta resulta candidateado para Premio Nobel de Economía, una materia que siempre le costó trabajo pero que hoy domina a plenitud. De ese tamaño es el trabajo al que el mandatario le dedica tiempo y esfuerzo en estos días.

 

Pronto lo dará a conocer a México y al mundo. Tengamos paciencia porque un trabajo de ese tamaño debe ser preparado por una mente tranquila, sin sobresaltos, sin nada que la perturbe. Claro, eso es México, un país en el que nada de lo que ocurre es tan grave o urgente como para distraer al presidente.

 

¿En qué consiste ese trabajo, propio de iluminados? Fácil, muy fácil: consiste en cambiar la manera en la que se miden hoy todos los factores económicos y sociales. Basta de PIB, de GINI’s, de tipos de cambio, de ver sólo lo malo que ocurre en las instituciones públicas de salud, de pésima educación pública. Ya es tiempo de darle su justa dimensión a todo el esfuerzo que ha llevado a cabo el gobierno de López Obrador (porque antes de él ningún mandatario hizo algo que valiera la pena) para edificar un enorme país que merece ser ejemplo para todas las naciones.

 

¿Qué sigue? Crear la nueva forma de medir los factores económicos y sociales. Que la inseguridad está creciendo, pues ahora no. A partir de hoy, los secuestros sólo cuentan si el nombre y el apellido del secuestrador empiezan con N. Para el caso de los homicidios dolosos sólo se contabilizarán aquellos que ocurran entre las 6 y las 8 de la mañana. Fuera de ese horario, se considerarán extemporáneos y serán incluidos en las estadísticas como accidentes.

 

En el caso de la salud, prácticamente no habrá cambios. En estos tiempos de pandemia sólo se considerarán las muertes por COVID-19 como causa, si ocurren en pacientes mayores de 75 años. En los otros casos, se asentará como causa de muerte una neumonía atípica. La disponibilidad de camas en los hospitales públicos siempre será mayor a 60%, aunque los familiares de un enfermo tengan que realizar la visita de las siete casas para encontrar un hospital en el que los reciban.

 

En lo económico, el presidente tendrá la facultad de indiscutible de aportar sus propios datos recabados a mano alzada en sus giras de trabajo. Así, será el pueblo el que diga si está feliz y tiene bienestar. Los datos que el presidente recoja en sus giras, y dé a conocer en sus conferencias de prensa, serán inapelables.

 

De esta manera, los otros datos siempre serán los que se obtengan por otras maneras. El INEGI, el Banco de México, las calificadoras, el FMI, el Banco Mundial, la OCDE, la OMC, la OMS, la OPS, la CEPAL, el BID, y otras instituciones que hasta ahora aportaban la información para evaluar y medir el crecimiento y la solidez de la actuación del gobierno de México pasarán a la obsolescencia. Sólo los datos del gobierno federal serán válidos para medir y evaluar el desarrollo del país.

 

Esta medición estará a cargo de un consejo evaluador integrado por destacadas personalidades que cuenten con hasta 10% de capacidad, y al menos 90% de lealt.. Perdón, de honestidad.

 

El presidente López Obrador presentará pronto esta nueva manera de medir, tan pronto como urgente para levantar su aprobación popular que va a la baja en caída libre. La intención es crear la percepción de que México es un país maravilloso en el que todo va bien, en el que el gobierno trabaja estupendo, y en el que no existen rezagos ni problemas.

 

La realidad, siempre tan terca, nos hace ver que el PIB ha caído y seguirá cayendo, lo que significa que habrá un gran aumento de la pobreza en el país. Que la inseguridad va en aumento y que cada mes supera al anterior en el número de delitos de alto impacto cometidos mientras el gabinete de seguridad se reúne todos los días, de 6 a 7 de la mañana, para tomar café y comer galletas. Los resultados muestran que esas reuniones no han servido para otra cosa en poco más de año y medio de gobierno.

 

Y finalmente, la realidad también nos hace ver que el número de personas infectadas que mueren por COVID-19 es mayor al que reporta el gobierno. Hay subregistro malintencionado.

 

Por eso y por muchas cosas más, como la imposibilidad de mejorar las cosas, a este gobierno le urge un nuevo modelo de medición de los factores económicos y sociales. Su propia medición, sus propios números, sus propios resultados. Así quiere ser el mejor presidente de la historia.

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