Las protestas de #BlackLivesMatter han seguido latentes en EEUU desde que se dio a conocer la brutalidad con la que fue asesinado George Floyd. Se ha convertido en un movimiento que se combina con el hartazgo, la impotencia y la necesidad de que se haga justicia en los muchos casos que se dan en el país norteamericano. Alrededor del mundo se solidarizan con el movimiento haciendo alusión al mismo tiempo a atropellos por parte de las autoridades en sus mismos países/contextos. De la misma manera, puso sobre la mesa un tema que atañe también, en lo más profundo, a la sociedad mexicana: el racismo.
En redes sociales hubo hashtags, fotos, imágenes, videos y propuestas para solidarizarse con el movimiento antirracista en EEUU. Sin embargo, la discusión sobre el racismo en México empezó a asomarse de nuevo. Mientras que la moda fue postear o tuitear sobre el movimiento en el país vecino, el racismo sigue siendo un tema tabú en el país afectando a ambos lados de la población, a quienes ejercen el racismo y a quienes lo reciben reafirmándolo y aún más invisibilizados: la comunidad afromexicana.
Desde la conquista y colonización en nuestro país, el racismo se ha interiorizado en la cultura y sociedad mexicana, a pesar de ser un país eminentemente mestizo. El 64,6% se identifica de piel morena, un 54.8% señala que se les insulta por el color de piel y un 15% considera que sus derechos son violentados por el mismo color de piel. El problema recae en que a pesar de tener conciencia en la gravedad del asunto, aún así se replican y perpetúa este mismo patrón. La idea que existe sobre la superioridad blanca, sigue vigente en la actualidad donde lo negro/moreno es lo opuesto y malo, mientras que lo occidental/blanco es a lo que todo mexicano debe aspirar para superarse.
El racismo es alarmantemente profundo. Tanto así que existe una relación directa con tener acceso a mejores oportunidades educativas y laborales por razón del color de piel. Los mexicanos de piel clara apenas componen un 4.7% de la población del país, los famosos whitexicans. Entre las personas catalogadas con tonalidades claras de piel, 1 de cada 3 pertenecen al 25% más rico de México, 52% más que los morenos y 103% más que los de tez obscura. El 25% de las personas blancas cuenta con educación superior, mientras que los morenos en un 19% y los de piel obscura sólo un 6.2%. Más datos escandalosos: para las mujeres blancas, es mucho más fácil conseguir un empleo prestigioso y bien pagado sólo por el hecho de tener la piel clara (43% más).
A pesar de que mucho se ha criticado el uso de whitexicans bajo la justificación de que es un tipo de racismo y discrimación hacia las personas de piel clara, no carga con la misma connotación y carga negativa con la que se ofende a los de piel oscura como “prieto”, “naco”, “indio”. No existe dicho racismo inverso ya que el término es todo lo contrario, ya que enfatiza y reafirma los privilegios que poseen las personas blancas en México y no son precisamente ofendidos al usar este término. Con estos términos se fractura aún más a la sociedad.
Las consecuencias de no abordar el tema para que supure y así limpiarlo, es que seguiremos en un círculo vicioso donde la solidaridad termina siendo hipócrita y momentánea. En México, cuando la gente privilegiada siente peligrar sus históricos privilegios deja de ser empático y deja de buscar crear una comunidad o la unión. La educación, lamentablemente, no será la herramienta que logrará erradicar el racismo de las venas de mexicanos ya que aún educadas y educados, se siguen reproduciendo estas conductas. Lo que queda en cada uno de nosotros es deconstruir para construir sin polarización, menosprecios y sin odio a nuestra propia cultura.