Sin lugar a duda la inquietud del presidente AMLO es muy pertinente sobre la necesidad de hacer un juicio a los mandatos anteriores al actual, no solo es necesario, sino muy pertinente, ya que lo que debatimos es el futuro de nuestros hijos y del país.
Lo que no le puede gustar al presidente son los posibles resultados y más algunas definiciones necesarias que se tiene que hacer para poder contar con los elementos de juicio, ya sea jurídico, político, ideológico pragmático, científico o teórico.
Los elementos que aporta AMLO para iniciar el debate, son descontextualizados si los cortamos a solo el periodo que comprende de Miguel de la Madrid a la fecha, conocidos como de ajuste en la política fiscal y monetaria y la segunda etapa de cambio estructural en lo económico y social de Salinas a Peña Nieto.
Para entender por qué se tuvo que plantear este cambio radical, es indispensable hablar de cuáles son las razones por las que se tuvieron que hacer dichos cambios y éstos responden a los excesos de la economía mixta y populista del periodo de Luis Echeverría y Jolopo, que lograron, en dos sexenios, destruir todas las condiciones que se crearon en el periodo conocido como de liberalismo y estabilidad macroeconómica del periodo de desarrollo estabilizador o milagro mexicano, que comprende de 1954 al 1970, que se caracterizó por crecimiento sostenido orientado al desarrollo del mercado interno con estabilidad de precios, durante los 20 años que duró.
El criterio utilizado, básicamente es liberal u ortodoxo implementado por Ortiz Mena, secretario de Hacienda durante las presidencias de Adolfo López Mateos, mexiquense que nacionalizó la industria eléctrica y fundó el grupo Toluca y que, con el tiempo, se escindió y se conformó el grupo Atlacomulco y Díaz Ordaz, poblano al que se le achaca lo del 68 y el surgimiento del mito fundamental de la disque izquierda en México, en donde se privilegia el respeto de los agregados macroeconómicos y se extendió una protección a la planta productiva nacional, que se conoció como de sustitución de importación principalmente de bienes de consumo, con fomento para adquirir bienes de capital para equipar la industria.
El periodo que comprende los 70´s a 1982 se define como de la economía mixta, y se caracterizó por apartarse de las medidas ortodoxas y arrimarse a los principios desarrollistas CEPALINOS y la idea de que la economía se puede pilotear desde las políticas monetaria, fiscal y de manera directa con la propiedad de medios de producción por parte del gobierno a título de la Nación.
Este periodo se caracterizó por una expansión directa del gasto público y con el constante deterioro de las variables macroeconómicas que generó un proceso acelerado de inflación que acabó con la estabilidad macroeconómica que se manifestó en una imperiosa necesidad de contratar deuda interna y externa para poder regresar a las medidas ortodoxas o liberales en el manejo de las finanzas públicas y terminar con el mito desarrollista, hasta ese momento, que finalizamos con el rompimiento del pacto social que se concretó con la estatización y nacionalización del sistema bancario a un muy alto costo para todos los mexicanos y con la pérdida de la confianza en el gobierno en turno.
Lo que necesitamos discutir de forma seria y no solamente con el monólogo de las mañaneras de AMLO, con los interlocutores reales, como ya se manifestaron el ex Calderón y Enrique Peña que están dispuestos a aclarar lo necesario y en ello a sustanciar por qué se hizo lo que se hizo.
Lo que tenemos que discutir es el modelo ideal del México que necesitamos y deseamos los mexicanos, entre el liberalismo o el estatismo, un México con un estado regulador o interventor, un México compuesto por 155 entidades paraestatales ineficientes ávidas de presupuesto público o una economía de mercado competitiva[1], en donde se privilegie al individuo sobre las burocracias.
Las visiones estatistas a lo largo de la historia nos han conculcado a los individuos muchas decisiones que deberíamos de poder tomar y que hoy toman los burócratas, en materia educativa, de salud, en materia de seguridad y la posibilidad de la legítima defensa, una justicia proba, rápida y transparente, hay que pensar en la ciudadanización de los tribunales e incorporar jurados civiles en las deliberaciones para acabar con los fiscales a modo.
Gobiernos pro estatistas son muchos, Juárez que amortizó en favor del estado los bienes y tierras del clero, bien por ello, pero creo que no era necesario. Cárdenas que estatiza la industria petrolera en favor del gobierno en turno. Adolfo López Mateos, la industria eléctrica en el mismo sentido. Luis Echeverría hasta bicicletas y López Portillo remata con la Banca, y todo con cargo al erario público, ya que nada ha sido gratis.
Hoy se ve la expansión de esta visión a dos años de gobierno y dos millones de pesos en sueldo, se tiene en proceso la creación de una refinería estatal, la construcción de un corredor trans-ismico estatal, un corredor turístico maya bajo el mismo esquema, una terminal aeroportuaria estatal que va a nacer saturada, y una empresa estatal de distribución de medicamentos, en donde empezamos a ver el regreso a una ampliación del gobierno propietario en detrimento de la sociedad.
Necesitamos recodar un principio económico básico, para principiantes, “Los errores de sector privado lo pagan con su patrimonio los empresarios o propietario, los errores de las empresas públicas las pagamos con el presupuesto”, que bien lo dice el presidente es del pueblo, el riesgo es que suceda lo que está pasando con PEMEX y CFE, que no alcance y se tenga que pedir más presupuesto y que las ineficiencias de estas empresas improductivas del estado sigan dependiendo de los recursos públicos.
*1 https://www.memoriapoliticademexico.org/Textos/7CRumbo/1993PEP.html