La difusión de los dichos del exdirector de PEMEX, Emilio Lozoya, a petición del presidente Andrés Manuel López Obrador, inauguró formalmente la guerra de lodo entre dos bandos que tienen bastante arsenal y armas para jugar sucio durante un buen rato y al más alto nivel.
En su declaración ante la Fiscalía General de la República, que se ha comportado como una dependencia servil del gobierno federal, Emilio Lozoya involucró a mucha gente, sin probar nada.
Nadie duda que durante distintos episodios del gobierno anterior, y del anterior y el anterior, y el de antes, así como en el de ahora, la corrupción haya estado presente. Lo que vemos en el show de Lozoya es la utilización de la justicia como un instrumento de venganza en contra de adversarios que en el pasado agraviaron a López Obrador. El principal de ellos es Felipe Calderón, a quien el hoy presidente acusa de haberle robado la elección en 2006, algo que el político tabasqueño no perdona.
Antes ya se había visto la utilización de la justicia con fines políticos en la actuación de la Unidad de Inteligencia Financiera de la Secretaría de Hacienda.
En realidad, el episodio de Lozoya refleja que al presidente López Obrador no le interesa la justicia. Lo que de verdad le importa es enlodar a una serie de actores políticos, y con ello mostrar que su gobierno va contra la corrupción y que los gobiernos anteriores eran muy corruptos.
Sin embargo, con la difusión de los dichos de Lozoya también se rompió un pacto en el que se acordó mantener silencio sobre hechos que perjudicarían a muchos, incluido el propio López Obrador.
Ahora se han dado a conocer unos videos que muestran cómo el hermano del presidente, Pío López Obrador, con quien el mandatario siempre ha mantenido una muy buena relación, recibe dinero de manos de David León Romero, quien hasta hace poco encabezó la Coordinación Nacional de Protección Civil, y fue designado para dirigir la nueva paraestatal de distribución de medicamentos en el país.
En los videos, grabados por el propio León Romero, él y Pío López Obrador hablan de que ese dinero se usaría “para fortalecer al movimiento” y de que el financiamiento ha sido constante, con entregas mensuales, por un periodo de año y medio.
El presidente ha declarado que le gustan los videos en los que se exhibe la corrupción. Los ha calificado de “buenos” porque sirven para “purificar la vida pública”.
Muchos esperaríamos que los videos recién difundidos de su hermano tengan la misma difusión que el presidente ha pedido para los videos en los que se aprecia a colaboradores cercanos a legisladores panistas, hoy gobernadores, manipulando maletas de dinero.
Además, León Romero y los hermanos López Obrador deberán explicar cuál fue el uso que se dio al dinero recibido. En los audios se escucha que los recursos serían utilizados para la campaña de 2018 del hoy presidente. En un tuit posterior, una vez conocidos los videos, León Romero asegura que su “manera de apoyar al Movimiento, fue recolectar recursos entre conocidos para la realización de asambleas y otras actividades”. Dinero no reportado a la autoridad electoral, y fuera de la fiscalización, significa corrupción.
A partir de estos videos, la Presidencia seguramente medirá con más cautela sus siguientes pasos. El mensaje que ha recibido es claro: del otro lado también hay parque de videos que muestran acciones ilegales, o inmorales, que involucran al político mexicano que más se ha jactado de ser incorruptible.
De ambos lados vendrán los deslindes. El presidente y sus seguidores harán una gran maroma para justificar lo que se ve en los videos grabados por León Romero, que por lo pronto ya no será director de la empresa estatal distribuidora de medicamentos.
León Romero no pasó la prueba de la corrupción. Pío López Obrador tampoco. Y a pesar de lo que digan para justificar, Andrés Manuel López Obrador también se ha involucrado en actos de corrupción.
La carrera rumbo a la elección del 2021 ha iniciado. Vendrán más videos, de un lado y de otro, y muchos prestigios quedarán por los suelos. La corrupción ya tocó, con pruebas, a la familia López Obrador. ¿Quién sigue?