La gran mayoría de los diputados federales de Morena, PT y PES, ostentan ese cargo, gracias a Andrés Manuel López Obrador y su contundente triunfo en la elección del 2018, mismo que los arrastró en una vorágine desenfrenada hacia sus curules.
Muchos de ellos, jamás se imaginaron estar sentados en la máxima tribuna del país y menos formar parte de las decisiones legislativas y también, hay que decirlo, la gran mayoría de ellos carecen de la preparación, la experiencia y el compromiso ya no digamos con México, sino con sus propios electores.
Varios de ellos, incluso llegaron por la vía de la insaculación, es decir un simple volado.
Y ahora, a unos meses de que se les acabe el hueso, esos mismos le dan la espalda a quien los llevó a esa posición de privilegio, en una votación para elegir al presidente de la Mesa directiva de la cámara baja.
Esos mismos que han cobrado sueldos, dietas, bonos y compensaciones a lo largo de más de dos años, le dijeron al presidente López Obrador que no están dispuestos a acatar la instrucción para que el PRI ocupe esa posición de dirección, al contrario, prefirieron apoyar a uno de los suyos que, para más señas es uno de los personajes más repudiados de la política mexicana; Gerardo Fernández Noroña.
De ese tamaño ha sido la traición de los representantes populares, miembros distinguidos de Morena, PT y PES.
No se critica la postura ideológica, esa es respetable, lo que se fustiga es precisamente la traición al presidente, en aras de dejarse arrastrar por un capricho que no lleva a la cámara de diputados a ningún lado.
No se trata de defender al PRI, ni a ningún otro partido, simplemente a señalar que aquellos seres humanos que no hacen de la gratitud, su forma de vida, pues simplemente carecen de calidad humana y por ende, de vocación en el servicio público.
Ya en la sesión del 5 de septiembre, volverán las aguas a su cauce con el respaldo de la mayoría calificada a que Dulce María Sauri, ocupe la presidencia de la Mesa Directiva, claro, no sin antes, conocer del jalón de orejas a Mario Delgado, pastor del rebaño morenista quien no tuvo la habilidad de llevar a buen puerto el deseo presidencial, al contrario, al abstenerse en la votación, con su ejemplo, tiró la votación.
Y así quiere dirigir a Morena en una etapa crucial para este partido, que como van las cosas, no tendrá, ni en sueños, esa mayoría aplastante que logró en las pasadas elecciones.
Y este es precisamente el riesgo de carecer de hombres de confianza, capaces y hábiles en eso que llaman oficio político.
Mario Delgado se bajó solo de la contienda por la dirigencia nacional de Morena, al mostrar sus limitaciones en un asunto que parecería de puro trámite.
En cambio, en la cámara de senadores se procesó el nombramiento del senador por Chiapas, Eduardo Ramírez Aguilar como presidente de la Mesa Directiva, no obstante que había una especie de rebelión de senadores morenistas que no tragan a Ricardo Monreal por no prestarse a sus triquiñuelas.
El affaire en el Congreso es una escaramuza que impacta en el acomodamiento de las fichas rumbo al 2024 y en ese acomodo volvió a destacar Ricardo Monreal, por encima de sus competidores.