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Se tenía que decir… Error diplomático. Por: Santiago Cárdenas. Destacado

09 Nov 2020
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La fuerte interrelación histórica entre México y los Estados Unidos de América -el país más poderoso del mundo-, aumentada ahora por un TLC convertido en T-MEC, obliga a los gobiernos mexicanos a conducir siempre con extremo cuidado, y con mucha diplomacia, esa vecindad.

 

Para el pueblo mexicano tampoco es fácil esa relación. Los agravios pasados han tensado la vecindad y no en pocas ocasiones el sentimiento de rechazo hacia la nación vecina del norte ha estado presente. En lo deportivo, incluso, pocas victorias saben tan bien como cuando se le gana a algún representativo estadunidense.

 

En términos de importancia, el cargo de embajador de México en los Estados Unidos es de los más altos en la Secretaría de Relaciones Exteriores por la innegable relevancia que para nuestro país tiene la relación con el vecino del norte. En esa relación de negocios y de gobierno, la diplomacia mexicana no puede descuidar detalles y tampoco puede entenderse como una relación de amigos. Los estadunidenses no son amigos de los mexicanos, así de simple.

 

Por ello la importancia de conducción de la política exterior mexicana. Por ello es un error tragarse el cuento de que la mejor política exterior es la interior.

 

Pensar que la política de Estados Unidos es igual a la mexicana es otro error. El Departamento de Estado estadunidense no considera a México entre las prioridades de política exterior de su país. Antes que México hay otras urgencias por atender, tanto en lo interno como en el exterior.

 

Para nadie es un secreto que la relación de México con Estados Unidos es desigual. En esa relación, Estados Unidos siempre antepone sus intereses. En abril de este año, México se comprometió a reducir en 100 mil barriles diarios la producción petrolera por los siguientes dos meses, y ante la exigencia de la OPEP de aumentar en 250 mil barriles diarios más esa reducción, el gobierno de Estados Unidos acordó con México asumir esa disminución.

 

Los gobiernos de México y Estados Unidos lograron varios acuerdos económicos, y a cambio el presidente Andrés Manuel López Obrador acudió a Washington con la intención de apuntalar la imagen de Donald Trump frente a la población de origen mexicano en aquella nación. López Obrador fue duramente criticado en México por ese viaje, que el presidente justificó diciendo que Trump se había portado muy bien con los mexicanos.

 

López Obrador se ha negado hasta ahora a manifestar su felicitación al ganador de la elección presidencial de Estados Unidos, Joe Biden, argumentando que se debe esperar a que concluya el proceso legal de la elección.

 

Esta decisión de López Obrador se ha entendido como un desplante hacia Biden, y como un respaldo a Donald Trump y su queja de fraude electoral.

 

La mejor política exterior debe basarse en la diplomacia, y no en la política interior mexicana. Desde el inicio de su mandato, en diciembre de 2018, López Obrador se preocupó bastante por acatar las decisiones de Trump, aunque fueran en contra de los valores establecidos por el gobierno de México. De esa forma, López Obrador cedió a detener desde nuestra frontera sur las olas de migrantes centroamericanos rumbo a Estados Unidos. Con la Guardia Nacional, edificó el muro deseado por Trump para evitar el ingreso de migrantes indocumentados a México.

 

López Obrador se ocupó también en tratar de limpiar la imagen de Donald Trump en México. “Se ha portado muy bien y nos ha apoyado mucho”, ha repetido en varias ocasiones. En Washington, su discurso de agradecimiento a Trump provocó duras críticas en México por el grado de servilismo mostrado por el mandatario mexicano hacia un Donald Trump que disfrutó esa actitud y la utilizó para buscar ganar votos latinos para la reciente elección.

 

El resultado de la elección en Estados Unidos no es lo que prefería López Obrador. Ahora, los esfuerzos diplomáticos mexicanos deberán esforzarse, en principio, a explicar y convencer al nuevo gobierno de Biden que no hubo tal apoyo, que México es un socio confiable, y bla, bla, bla.

 

López Obrador cometió un error importante de diplomacia al no felicitar a Biden por su triunfo. Es un error que Estados Unidos cobrará cada uno de los cuatro años siguientes, es decir, el tiempo que resta al gobierno de López Obrador.

 

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