A más de diez días de haberse llevado a cabo el proceso electoral en EEUU, en el que resultó vencedor el candidato demócrata Joe Biden, aún queda mucho por decir. Incluso, hay algunos mandatarios de Estado que siguen sin reconocer su victoria al mismo tiempo que Donald Trump ha declarado que se cometió fraude electoral y que no reconocerá los resultados por lo mismo. Además, es hasta el 14 de diciembre cuando se sabrá oficialmente quién es el ganador del proceso tan cardíaco del 3 de noviembre, por lo que aún no se puede cantar victoria con Biden plácidamente.
Joe Biden se convertirá en el presidente de los Estados Unidos de América al haber obtenido 279 votos electorales en lo que va del recuento electoral, es decir, 9 más de los obligatorios para declararse vencedor. Sin embargo, recordemos que aún Arizona, Alaska y Carolina no tienen un ganador claro. Biden también se ha convertido en el candidato más votado en la historia de los Estados Unidos de América con más de 75 millones de votos, aunque sólo 4 millones más que su contraparte republicano Donald Trump, quien obtuvo más de 71 millones. Estos datos resultan significativos pues nos dejan ver que, efectivamente, Biden será el 46º mandatario de su país con la primera mujer en ocupar el cargo de Vicepresidenta, Kamala Harris.
Parece ser un escenario bastante prometedor y claro, aún más después de los 4 años de un gobierno hostil, polarizador y fuera de la común que encabezó Donald Trump. Aún así, el nuevo gobierno demócrata que se está cocinando sólo cambiará en las formas y no en el fondo, además de heredar un país evidentemente dividido como lo reflejan los votos que recibieron ambos candidatos, donde la diferencia que marcó la ventaja de uno y la derrota del otro demuestran que no todos los estadounidenses se unen a Joe Biden. Esto último representa un gran reto a superar para la dupla Biden-Harris. Ambos han dejado claro que sus intenciones son las de pacificar y enmendar, pues han entendido que dentro de las prioridades está atender la crisis de salud y económica ocasionada por el manejo de la pandemia.
Sobre la política exterior, y específicamente la relación con México, como se ha mencionado en artículos anteriores, no se reformará en el fondo pero sí en las formas. AMLO no ha reconocido el triunfo electoral de Joe Biden a diferencia del presidente de Francia Emmanuel Macron, que ya estableció contacto saludando su victoria, o incluso Benjamín Netanyahu, Primer Ministro Israelí, quien había tenido una estrecha relación con Donald Trump y con quien también obtuvo jugosos beneficios como el reconocimiento por parte de EEUU del disputado territorio de Jerusalén como la capital de Israel, algo que no ha sido reconocido por el Derecho Internacional por obvias razones.
Si la justificación de AMLO alude a la prudencia y al principio de No Intervención en asuntos externos, es curioso que no lo haga así con otros procesos similares, como en el 2019, cuando inmediatamente felicitó al vencedor de las elecciones en Bolivia, la cual fue anulada debido a irregularidades. Evidentemente, su posición de no querer tener ningún tipo de acercamiento con Biden no es para nada neutral. En ocasiones anteriores habíamos mencionado que poner todos los huevos en la canasta de Trump, así como no tener un plan de trabajo con Biden por si llegaba a ganar la presidencia, como ha ocurrido, tendrá consecuencias para la relación México-EEUU. La opción de que pueda haber represalias suena un tanto improbable, pero lamentablemente López Obrador está sentando un precedente para la futura relación con el Presidente Biden, ya que ha dejado en claro que estaba más cómodo bajo las amenazas y malos tratos de Trump.