Andrés Manuel López Obrador ha establecido un par de pilares para sostener su gobierno: por un lado, la Secretaría de la Defensa Nacional (léase Ejército Mexicano), a la cual le ha transferido diversas funciones y responsabilidades que han hecho a los opositores del gobierno asegurar que el país se ha militarizado.
Por otro lado, el presidente le ha otorgado a Marcelo Ebrard otro paquete de responsabilidades que hoy lo colocan como un súper secretario. El estilo de mandar de López Obrador, muy cercano y parecido al de los dictadores autoritarios, no permite que Ebrard se vea como un vicepresidente, pero sí es un súper secretario que apaga fuegos y deshace entuertos.
Desde el inicio de esta administración, Marcelo Ebrard formó parte de un selecto grupo de cercanos a López Obrador que podían aspirar a sucederlo. Hoy, el canciller le lleva ventaja al líder de los senadores de Morena y virtual jefe del Senado, Ricardo Monreal; y a la jefa de Gobierno de la Ciudad de México, Claudia Sheinbaum.
Si hoy fuera el momento de decidirse por un sucesor, López Obrador nombraría a Marcelo Ebrard.
Quién sabe cuántas encomiendas más le hará el presidente a Ebrard en lo que resta del sexenio, pero con las que le ha hecho basta para saber que ha depositado en él toda su confianza para resolver problemas de operación política que incluso, algunas de ellas, están fuera de su ámbito de acción.
La más reciente fue la operación para traer de vuelta al general Salvador Cienfuegos Zepeda, exsecretario de la Defensa Nacional detenido en Estados Unidos. Su detención causó molestia en el Ejército, que presionó al gobierno de López Obrador para que actuara en el rescate del general.
En Ebrard recayó también la responsabilidad de garantizar que los flujos migratorios de Centroamérica hacia Estados Unidos, que pasan por todo el territorio nacional y que se agravaron con las caravanas provenientes de Honduras y El Salvador, se vieran disminuidas, encapsuladas y pulverizadas para quedar bien con un Donald Trump que amenazaba con establecer aranceles a productos mexicanos, lo que hubiera acarreado severos problemas económicos al país. En ese momento, el COVID-19 no hacía presencia en el mundo, por lo que gravar con aranceles la relación económica bilateral habría sido un duro golpe.
El tema migratorio está en el ámbito de la Secretaría de Gobernación, por lo que lo lógico hubiera sido que el encargo recayera en Olga Sánchez Cordero. Sin embargo, López Obrador prefirió transferirle la responsabilidad al canciller y hacer a un lado a Sánchez Cordero. A Ebrard lo considera más experimentado en términos políticos, y a Sánchez Cordero le reconoce conocimientos y experiencia en el ámbito jurídico y constitucional.
Ebrard también se hizo cargo, desde diciembre de 2018, de la renovación del T-MEC. El canciller se mantuvo como uno de los cabilderos principales por parte de México para ese fin.
Además, Marcelo Ebrard encabezó la comitiva de funcionarios que en enero de 2019 acudió a Estados Unidos para la adquisición de pipas para Pemex, como parte de la estrategia lanzada contra el robo de hidrocarburos, mejor conocido como “huachicol”. En esa ocasión, el canciller lideró a las secretarias de Economía, Graciela Márquez; y de la Función Pública, Irma Eréndira Sandoval. En esta acción no participó la titular de la Secretaría de Energía (cabeza de sector), Rocío Nahle.
El secretario de Relaciones Exteriores también fue el encargado de anunciar, a finales de marzo de este año, la nueva declaratoria de emergencia sanitaria en México por causa de fuerza mayor, ante la epidemia del coronavirus. El canciller informó la medida durante una conferencia de prensa vespertina de la Secretaría de Salud, en la cual participaron el secretario de Salud, Jorge Alcocer; la secretaría de Gobernación, Olga Sánchez Cordero; el titular de la SEDENA, Luis Cresencio Sandoval; y el de Marina, José Rafael Ojeda.
“El Consejo de Salubridad General, en uso de sus facultades y funciones previstas (...) ha determinado la pertinencia de declarar como emergencia sanitaria por causa de fuerza mayor a la epidemia generada por el COVID-19, por lo que, con el afán de proteger la salud de los mexicanos, acordó expedir el siguiente acuerdo”, leyó el canciller. La declaratoria anunciada por Ebrard fue emitida tras la confirmación de que México superó la barrera de los 1,000 contagios (llegó a 1,094) y de que registrara ya 28 decesos por causa del virus.
Sobre el tema de la pandemia, hoy Marcelo Ebrard encabeza los esfuerzos gubernamentales por traer a México la vacuna contra el coronavirus. Ante los pésimos resultados obtenidos en el combate a la pandemia, una vacuna surge como una esperanza para ofrecer a la población respuestas más eficaces que el confinamiento.
Marcelo Ebrard es el súper secretario de este gobierno. Es el hombre dispuesto a asumir responsabilidades extra, a tomar al toro por los cuernos y a darle resultados a su jefe, que tan urgido está de ello.
El canciller seguirá trabajando para ganarse, sin objeciones, la candidatura para ser el sucesor del caudillo. Hasta ahora puntea en esa carrera, pero aún faltan cuatro años más en los que cualquier cosa puede ocurrir.