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Orbi 21. Populismo y COVID. Por: Cristina Cardeño Gama Destacado

07 Dic 2020
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Estamos a tres semanas de terminar el 2020. Un año azotado duramente por la pandemia de COVID y del que se pueden avistar algunas secuelas. En primer lugar, las evidentes y más lamentables de la situación, la pérdida de vidas humanas que ascienden a más de 1.5 millones a nivel mundial. Además, las consecuentes crisis económica, social, salubre y no menos importante, política. La pandemia ha sacado a relucir las deficiencias que muchos países tienen, pero en particular, aquellos que hoy en día están siendo gobernados por populistas de izquierda. 

 

La pandemia ha dejado claro que los gobiernos populistas no dan resultados cuando se necesitan con urgencia. En el discurso pueden parecer esperanzadores, humildes y allegados al “pueblo” pero en momentos donde se necesita que actúen eficientemente, se derrumban. La concentración del liderazgo en una sola figura definiéndose a partir de la oposición o sus denominados enemigos, la toma de decisiones por impulso y nada meditadas ni planeadas, la progresiva eliminación de pesos y contrapesos dentro y fuera del gobierno, la evasión de toda responsabilidad y además, asignarla a diferentes agentes, son la mezcla de características con las que definitivamente no se podrá hacer frente a la amenaza del COVID. Cabe mencionar que cualquier parecido con la realidad no es coincidencia. 

 

Una situación como la pandemia necesita enfrentarse con instrumentos y bases fortalecidas. No se elimina con una retórica divisiva ya que para afrontarla se necesita de apoyo, coordinación y sobre todo, del sentido de comunidad, por lo que culpar a la oposición o a quien se cruce en el camino, sólo mina las pequeñas pero fundamentales acciones de combate. En este punto de la pandemia, parece ser que un Estado fortalecido en donde haya espacio para la pluralidad de voces, implementación e innovación tecnológica y un diálogo democrático, será en donde la crisis pueda ser más fácilmente sorteada disminuyendo el número de contagios y de decesos, de números negativos en lo económico y de malestar social. 

 

Si la forma de gobernar recae en una sola persona que obra y actúa como el mesías, sólo creará un caldo de cultivo para el COVID y todo lo que eso implica, pues se necesita confiar en una fuerte coordinación transversal en todos los aparatos y niveles de gobierno para que así haya colaboración, coherencia y consistencia en las políticas públicas y decisiones que pueden hacer girar a los países en las direcciones correctas. Hasta parece mezquino que los líderes populistas en tiempos como estos, sigan queriendo alimentar a sus bases electorales con el único propósito de perpetuarse en el poder.  En México, vivimos en carne propia esta forma de gobernar que cada vez nos deja más claro, o eso esperaría, que el COVID no se desvanece con carisma o con altos índices de popularidad, así sea un supuesto 71%. Donde parece que cayeron en cuenta sobre lo dañino que puede ser tener un gobierno populista en estos tiempos, es en EEUU al botar a Donald Trump de la presidencia. Evidentemente, su manejo de la pandemia le salió caro. ¿Se podrá repetir la misma situación con AMLO?. 

 

¿En qué han demostrado ser buenos los populistas? En inventar excusas y cambiando de tema, en el uso oportunista y en exceso de temas populares, pero no necesariamente benéficos que conllevan a una polarización aguda en la sociedad y la exacerbación del odio, y han demostrado ser muy buenos para explotar el factor miedo en la sociedad. Aún así, nada de esto les ayuda a eliminar contagios y muertes por COVID. 

 

Se necesita de la razón, apertura y de la cooperación internacional para hacerle frente a la pandemia que ha demostrado seguirá presente en el año que viene porque además, ha encontrado un buen espacio para esparcirse pues al menos dos de las tres características mencionadas son nulas a la cabeza del gobierno federal. 

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