Censurar a un presidente no es cosa menor. Un mandatario cuenta siempre, en la realidad, con los reflectores, los micrófonos y la atención permanente de los medios de comunicación y de una sociedad que busca estar informada y atenta a los sucesos políticos que suceden en el país. Un presidente tiene todos los medios para, en cualquier momento, informar lo que crea debe ser informado.
Sin embargo, como todo en la vida, hay límites. Donald Trump utilizó su cuenta de Twitter a placer durante los cuatro años que gobernó. Desde ahí atizó el fuego de la división social de su país, alentó a los ultraconservadores e insultó a todo aquel que no coincidía con su forma de pensar.
Desde ahí amenazó a mucha gente y a otros gobiernos. Su cuenta de Twitter fue, por decir lo menos, incendiaria durante todo ese tiempo.
El estilo de gobernar de Trump lo llevó a mentir con facilidad y sin rubor. Su forma de comportarse, desde siempre, ha sido buscando la intimidación de sus interlocutores. Así negocia, amenazando, intimidando, y eso le había funcionado hasta ahora.
Perder la elección de noviembre pasado fue un duro golpe para su ego. Es incapaz de reconocer su derrota y de tender la mano a quien lo derrotó en las urnas. Estados Unidos dará un viraje total en su gobierno a partir del 20 de enero.
Twitter decidió suspender permanentemente la cuenta del todavía presidente de Estados Unidos. Otras redes sociales también suspendieron las cuentas de Trump, de tal forma que en este momento el mandatario estadunidense no puede expresarse casi por ninguna de esas redes. Ello ha desatado un debate en el que hay quienes aseguran que Trump ha sido censurado, contra quienes argumentan que las expresiones del mandatario incitando a la violencia no deben continuar.
Hace unos meses distintos canales de la televisión estadunidense cortaron la transmisión de un mensaje de Trump argumentando que no darían más cabida a las mentiras del mandatario, quien acusaba haber sufrido un fraude electoral y aseguraba haber sido el ganador de la elección del 4 de noviembre.
Trump no ha sido censurado. La censura proviene siempre del poder, y en este caso las redes sociales, que también tienen sus reglas -que Trump violó-, no son el poder.
Y como el tema de la censura está de moda, Andrés Manuel López Obrador no podía dejar pasar la oportunidad de victimizarse nuevamente y acusa al presidente del Instituto Nacional Electoral de intentar censurarlo al señalar que durante el periodo de las campañas políticas previo a la elección de junio próximo debe cesar la transmisión íntegra de las conferencias de prensa mañaneras.
“Como está de moda la censura en el mundo, nos quieren silenciar”, dijo López Obrador, retorciendo la realidad. La Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos es clara al respecto, y señala que “durante el tiempo que comprendan las campañas federales y locales y hasta la conclusión de la respectiva jornada comicial, deberá suspenderse la difusión en los medios de comunicación social de toda propaganda gubernamental, tanto de los poderes federales como de las entidades federativas, así como de los municipios, de las demarcaciones territoriales de la Ciudad de México y cualquier otro ente público”.
Habrá quienes aseguren que las conferencias de prensa mañaneras no son propaganda gubernamental, sino “un ejercicio de información pública”. El Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación ha conceptualizado la propaganda gubernamental, y lo que hace el presidente López Obrador todas las mañanas cae en el ámbito de la propaganda.
El presidente y sus voceros han empezado a desvirtuar la aplicación de la ley, asegurando que el INE quiere silenciar al gobierno. Nada más falso. En realidad, se trata de aplicación de la ley pura y llanamente, una ley que no le gusta al presidente López Obrador.
En pocas palabras, el INE se ha pronunciado por la aplicación de la ley que implica dejar de transmitir íntegramente las conferencias de prensa mañaneras por parte de los medios de comunicación, públicos o privados. A ello, el presidente asegura que la intención es silenciarlo.
La censura no está de moda, como dijo el presidente López Obrador. Lo que parece sí estar de moda, y eso hay que festejarlo, es que las autoridades y las instituciones se han pronunciado por la aplicación de la ley.