Lo seguirá por siempre, el desdén permanente hacia las mujeres, propio de un misógino ha provocado que las feministas y toda mujer comprometida contra la violencia de género, lo aborrezca por una serie de acciones que ha hecho el presidente de México de forma constante para soslayar las causas más primigenias de las mujeres y por ignorar sus reclamos, el último, la postulación de un violador como abanderado de Morena a la gubernatura de Guerrero, a pesar de que muchas de sus correligionarias se opusieron a tal nominación.
Después de las protestas del 8 de marzo en nuestro país, el presidente volvió a equivocarse en la lectura del movimiento feminista al culpar a sus adversarios políticos de la movilización, en lugar de sumarse a las causas de las mujeres y dar un golpe de timón que encaucé a todas las políticas públicas en defensa de la mujer, de la equidad de género y de erradicar la violencia contra ellas.
El estigma antifeminista no solo lo perseguirá en su administración, sino por el resto de su vida y eso es causado por sus propios yerros y su soberbia.
Definitivamente, hay un cuadro psicológico que conlleva esta actitud machista y misógina que no solo lo resienten las mujeres que no trabajan con él, sino también sus colaboradoras y mujeres militantes de Morena que han sido vetadas con la nominación a una gubernatura de un violador consuetudinario.
Quiero ver una manifestación espontánea de mujeres que apoyen al presidente que no estén en la nómina oficial o que no reciban apoyo alguno de sus programas político-asistenciales.
Por supuesto, eso no ocurrirá ni tampoco que AMLO se ponga del lado de las féminas violadas, ultrajadas o que han padeciendo violencia en el seno familiar.
La discriminación y la inequidad laboral y política es otra ominosa realidad que padecen las mujeres y que se ha recrudecido en esta administración debido a una elemental razón, el jefe del ejecutivo federal no suma a la causa de las feministas, muchos de sus subalternos y adeptos, hacen lo mismo en su entorno más cercano.
Tenemos un presidente misógino y machista y ante ello no hay poder humano para cambiar esa visión retrógrada, así que seguiremos padeciendo esta actitud del presidente de México en detrimento de las mujeres y sus causas de justicia y equidad.
En la administración de AMLO se levantaron las mujeres como nunca antes lo habían hecho y ello se leerá bajo la óptica de la historia como el surgimiento definitivo de la emancipación de la mujer ante la opresión, la violencia, la discriminación y la inequidad, alentada desde el poder público.
Todo lo que ha ocurrido hasta las protestas del 8 de marzo requieren la intervención inmediata de la CNDH, empero ello no ocurrirá por lo menos a nivel federal, ya que el florero que despacha en esa dependencia se ha sumado a la represión, por omisión, que se ejerce desde la presidencia de México.
Cómo se ha insistido en este espacio, el rival más peligroso de AMLO, es él mismo, tal como ha quedado demostrado con el movimiento feminista de México, en el cual en lugar de sumarse a sus reclamos, las ha enfrentado y con ello ha quedado estigmatizado como el presidente antifeminista.
Por otra parte, la jefa del gobierno capitalino Claudia Sheinbaum, ha quedado como una represora de mujeres, a las que no solo les hecho a los granaderos, sino que ordenó el rocío de gas pimienta y dejo carta abierta para que los policías de la capital dieran rienda suelta a sus traumas y a sus frustraciones para agredir a las manifestantes.
El balance para AMLO es pésimo y cómo se ven las cosas, no tiene voluntad para cambiar la política del garrote y la represión y menos darle prioridad para atender los reclamos de las mujeres.