En el manejo de la pandemia, la esquizofrenia gubernamental deja al descubierto que la estrategia del gobierno federal consiste en cuidar su propia imagen y gastar lo menos posible. Así, las vidas perdidas, que ya ascienden de manera oficial a más de 194 mil, nunca importaron, y siguen sin importar.
El gobierno federal ha tomado acciones tardías y ahora está enfocando todos sus esfuerzos, lentos y torpes, en lo que llaman la Estrategia Nacional de Vacunación. Todos sabemos que la inoculación, por sí misma, no es suficiente. Mientras la mayor parte de la población no esté vacunada, los esfuerzos para evitar contagios, y en su caso detectarlos y atenderlos a tiempo, deben mantenerse e incluso redoblarse.
Sin embargo, el gobierno federal mantiene su estrategia inamovible. Todos escuchamos alguna vez al subsecretario de Prevención y Promoción de la Salud, Hugo López-Gatell, minimizar los beneficios que traería hacer masivamente pruebas de detección de Covid-19, a pesar de que esa ha sido una de las permanentes recomendaciones de la OMS.
“Aplicar pruebas de Covid-19 a toda la población sería un desperdicio de tiempo, de esfuerzo, de recursos ante el tamaño de la pandemia, en México y en todo el mundo”, dijo, por ejemplo, en una reunión virtual con senadores en mayo del año pasado. “No nos interesa porque es inútil, costoso e inviable aplicar una prueba a todas las personas de un país. Nadie sabe cuántos casos reales hay en su país y esto no debe considerarse una negligencia”, añadió en esa ocasión.
Por su parte, el Gobierno de la CDMX, que ha tenido marcadas diferencias con el propio doctor López-Gatell, estableció desde el año pasado 63 “kioscos” y “macrokioscos de la salud” en los que se ofrecen pruebas gratuitas de Covid-19 con el objetivo de avanzar rápidamente en la identificación de casos positivos y su aislamiento, así como para aumentar la atención a la población a través de orientación médica y brindar seguimiento a las personas con la enfermedad.
A enero de este año, y desde que inició la aplicación de pruebas gratuitas, el gobierno capitalino había realizado un millón 500 mil 312 pruebas, entre PCR y rápidas, para detectar el coronavirus, de las que 364 mil 537 resultaron positivas, es decir, poco menos de una cuarta parte de las muestras.
Todas esas personas recibieron indicaciones de aislamiento y de tratamiento médico. Sin embargo, no todas ellas pudieron seguir un tratamiento médico, y en los casos en los que requirieron hospitalización para un tratamiento más específico y especializado, no todas tuvieron la fortuna de acceder a una cama de hospital.
Esa esquizofrenia gubernamental, en la que, por ejemplo, el gobierno federal indica un camino a seguir y el gobierno capitalino hace todo lo contrario, es la que ha desenmascarado la torpeza, la mezquindad y el horror de la supuesta estrategia que defiende López-Gatell.
Para el gobierno federal, cuidar la imagen y gastar lo menos posible ha sido prioritario. Para ello, el número mágico siempre ha sido el de camas de hospital disponibles, aunque los ciudadanos no han tenido acceso a ellas en los hospitales públicos, ni a tratamientos especializados. Esa es una de las explicaciones del altísimo número de muertes por coronavirus en México, que lo ubican como el tercer país con más fallecimientos a causa del Covid-19.
Hoy, al menos el gobierno de la CDMX ha dejado de lado la estrategia federal y tiene a los “kioscos” o “macrokioscos de la salud” como una de sus principales acciones para enfrentar la pandemia en la capital del país. La esquizofrenia gubernamental ha desnudado la estrategia federal, barata e ineficiente.