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Orbi 21. Un lejano final. Por: Cristina Cardeño Gama Destacado

15 Mar 2021
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A 10 años de las revueltas populares en el mundo árabe, aún hay países que se encuentran sufriendo las consecuencias prolongadas de esas protestas. Uno de ellos es Siria, que durante varios años registró una guerra muy mediática, específicamente desde su inicio hasta aproximadamente 2015, y después de ello no lo ha sido más. Sin embargo, esto no quiere decir que la guerra haya terminado. Hace un par de semanas, Siria volvió a llamar la atención debido a un ataque militar hecho por parte de EEUU a una base de una milicia iraquí situada en el país sirio.

 

Entonces, si la guerra en Siria no ha terminado, ¿en qué punto se encuentra?, ¿se avista un final próximo?, ¿qué hay de los civiles sirios que no son partícipes de los enfrentamientos bélicos ni de los distintos grupos beligerantes?

 

La guerra en Siria es un ejemplo de las dinámicas geopolíticas y religiosas que se han vivido históricamente en la región del Medio Oriente y Norte de África, pues la guerra que inició como civil dejó de serlo cuando potencias regionales, como Arabia Saudita, Qatar e Irán, tomaron partida en el conflicto obedeciendo a sus intereses nacionales y de Política Exterior, así como también lo hicieron las potencias extranjeras como EEUU, Turquía, Rusia y los miembros de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN). Esta escalada del conflicto ha derivado en varios sub-conflictos que suceden simultáneamente, entretejiéndose entre sí, ocasionando que sea cada vez más difícil encontrar una salida efectiva de la guerra.

 

La complejidad de la guerra también se debe a la volatilidad de ciertos actores en específico, que van cambiando sus estrategias, apoyos a milicias o actores locales dependiendo de a qué facción contraria buscan combatir. Un ejemplo claro de lo anterior es la amenaza que representa el grupo terrorista Estado Islámico, o mejor conocido como Estado Islámico de Iraq y Siria (ISIS por sus siglas en inglés). Al ser considerado como una amenaza global, el mismo gobierno de Bashar Al Assad (presidente sirio) y la coalición internacional liderada por Washington que busca erradicar a este grupo terrorista, convergen en su acción ofensiva para lograr este objetivo en común, mientras que estas mismas facciones se encuentran, de igual manera en el terreno sirio, para luchar contra el mismo régimen del Presidente Al Assad.

 

Otro ejemplo y de gran relevancia es el factor religioso. La presencia de Irán en la región es imponente, y éste busca la permanencia y expansión de la corriente chiíta del Islam. Por lo mismo, ha respaldado al gobierno del presidente Bashar Al Assad, quien también profesa esta misma corriente religiosa. Este objetivo de la potencia regional de Irán, se contrapone con los objetivos del Reino de Arabia Saudita, que enarbola la corriente contraria a la chiíta: la sunita. Aproximadamente, más de 90% de la población saudí es sunita. Por lo mismo, estas naciones se han encontrado indirectamente en el territorio sirio disputando sus diferencias a través de actores locales sirios que son entrenados y respaldados por estas potencias. Estos países y milicias aliadas están siendo respaldadas, a la vez, por potencias extranjeras que, si bien no lo hacen por razones religiosas, lo hacen por cuestiones estratégicas y de beneficios mutuos.

 

Por último, el sector más afectado y dolorosamente olvidado, es el civil. Millones de personas sirias han tenido que salir forzosamente del país para evitar la guerra, lanzándose a contextos altamente peligrosos y difíciles como tener que vivir en campos de refugiados en países vecinos como Turquía, Grecia o Líbano, por mencionar sólo una de las adversas situaciones que los sirios tienen que sortear. La guerra aún no tiene fin y tampoco se avista una pronta solución por la complejidad de los distintos conflictos sucediendo a la vez, y que se hacen más tensos con el paso del tiempo. 

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