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Se tenía que decir. Vacunas por migración. Por: Santiago Cárdenas. Destacado

19 Mar 2021
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Lo que ocurre en México es permanentemente observado por Estados Unidos. Así ha sido siempre, y así será, no porque nos consideren sus amigos o porque uno u otro presidente mexicano les caigan bien o mal, sino porque, eventualmente, los problemas de México pueden afectar sus intereses.

 

En el momento en que eso ocurre, ellos intervienen. Es lógico, pues México y Canadá son sus únicos vecinos geográficos.

 

En los últimos años, el gobierno federal se ha esforzado afanosamente en posicionar la idea de que el presidente Andrés Manuel López Obrador mantiene excelente relación con los mandatarios estadounidenses con los que ha coincidido: Donald Trump y Joe Biden. Trump fue verdaderamente grosero y agresivo contra México, pero no maltrató en público a López Obrador por una simple razón: el presidente de México fue dócil y obsequioso, y se doblegó con facilidad a las exigencias del entonces mandatario estadounidense. Ello le valió para que Trump lo elogiase.

 

López Obrador ha mostrado una actitud diferente frente a Biden, pero a la vez empieza a ceder frente a su homólogo de Estados Unidos.

 

El secretario de Relaciones Exteriores, Marcelo Ebrard, anticipó que ya se ha alcanzado un acuerdo con Estados Unidos para que México reciba 2.5 millones de vacunas contra el COVID-19. Es de fácil suposición que a cambio de las vacunas Estados Unidos pidió al gobierno mexicano acciones que tienen que ver directamente con sus intereses: endurecimiento de las fronteras y resultados en la seguridad y el combate al narcotráfico.

 

En el primer caso, México ya empezó a actuar: a partir de este 19 de marzo el gobierno mexicano cerró el paso terrestre no esencial en la frontera sur, pretextando una medida preventiva para impedir la propagación del COVID-19. El gobierno de México no pretende cerrar sus fronteras aéreas, pero sí cierra el paso a la migración que tiene como destino los Estados Unidos, y que transita por vía terrestre por la frontera sur de México.

 

La medida anunciada por la Cancillería para la frontera sur busca detener el flujo migratorio hacia Estados Unidos. Disfrazada de una medida antiCOVID-19, sólo atiende la exigencia de Estados Unidos.

 

El acuerdo para recibir 2.5 millones de vacunas de AstraZeneca será presentado por la Cancillería mexicana como un logro de la 4T y una consecuencia de la excelente relación entre los presidentes López Obrador y Biden. Sin embargo, la realidad apunta a que simplemente las dosis son una moneda de cambio para la administración Biden, ante la desesperada situación de la 4T que no logra avanzar en su plan de vacunación en un año electoral en el que las vacunas han servido para apuntalar al partido en el poder y al propio gobierno federal.

 

El general Glen VanHerck, comandante del Comando Norte de Estados Unidos, responsable desde el Pentágono estadounidense de la seguridad en Estados Unidos, Canadá y México, mostró su preocupación por que las organizaciones criminales trasnacionales operan entre 30% y 35% del territorio mexicano, y ello, junto con desastres naturales, la pandemia y crisis económicas, están generando migración e inestabilidad política en el hemisferio, lo que está siendo explotado por China y Rusia.

 

El crecimiento constante del crimen organizado en México es uno de los problemas que más preocupa a las autoridades de Estados Unidos. “Necesitamos una frontera segura y saber quiénes vienen”, dijo VanHerck.

 

La entrega de vacunas por parte de Estados Unidos no es un acto de “buena onda” por parte de Biden, y tampoco se debe a que López Obrador sea un presidente carismático que haya conquistado la amistad del mandatario estadounidense.

 

Vacunas por migración. Que México siga haciendo el trabajo sucio, es la consigna. En México escucharemos al gobierno hablar de excelentes relaciones bilaterales y de amistad entre presidentes. Falso de toda falsedad.

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