El gobierno federal, entre muchos frentes que enfrenta, tomó el tiempo para poder celebrar y conmemorar los 700 años de la fundación de Tenochtitlan, centro del imperio Azteca.
Esto entre el desplome de la popularidad de partido MORENA, del presidente, el desplome de dos vagones del metropolitano y, con muchas más dificultades de las que se esperaban en el proceso electoral intermedio del sexenio, que ahora con mayor razón podemos decir trienio, del personaje que coqueteó con la historia y que actualmente es un indiciado por delitos electorales.
Y esto solamente para la foto y para la triste politiquería de las autoridades del Gobierno Federal y de lo que queda del gobierno de la Ciudad de México por la realidad que enfrenta nuestro país, en donde solamente se reitera el recuerdo y la celebración fatua y vacía.
Nada que celebrar de la reivindicación de los derechos de nuestros pueblos originarios y su grandeza, con sus tradiciones y cultura milenaria de las más antiguas del mundo y aportante de muchos conocimientos que siguen siendo más valorados en el mundo que en nuestro territorio, su territorialidad.
En lo político el presidente, en minúsculas, sigue replicando los mismos hábitos del pasado del imperialismo Ibérico en donde sus conmemoraciones son interferidas con la presencia de los descendientes de los españoles como Andrés Manuel.
Lo justo y correcto es reconocer las autoridades naturales de los pueblos originarios y no repetir el acto de humillación y sometimiento que implica la entrega del bastón de mando a un chabochi (término que se emplea en la lengua Tarahumara o Rarámuri para los mestizos en general).
El bastón de mando es el que define a las autoridades de nuestros pueblos originarios y designa la mayordomía que es la máxima autoridad de estos pueblos, sin embargo, el cargo principal recae en el personaje que brinda seguridad a los pueblos o el miembro de la estructura que proporciona seguridad a la comunidad. Los cargos posteriores serán el de mayordomo, mayordomo grande, fiscal, alcalde y miembros del consejo de ancianos, órgano colegiado.
Simple pero muy práctico y no muy alejado de la acrópolis del Arópago griego, que fungía como el gran tribunal para dar seguridad jurídica a la población, siempre representativa y colegiada, en ningún caso directa, solamente con los Romanos y con AMLO y sus asambleas públicas hasta para juzgar y condenar a Cristo por una turba encendida, como la que canceló el aeropuerto de la Ciudad de México, galardonado por un premio internacional. Pero así es el gobierno de cuarta que tenemos y que creo que no merecemos, o para cancelar inversiones en B. C.
Un dato adicional que lastima a los integrantes de nuestros pueblos originarios, como lo sucedido de manera reciente con el fracturado Marcelo Ebrard, “el Gordo” que habla perfectamente el ruso y se quedaba dormido en sus clases de náhuatl que tomaba mientras era Jefe de Gobierno de la Ciudad de México, en ese entonces DF.
Los usos y costumbres de nuestros pueblos originarios, es decir los que poblaban estos territorios de Anáhuac antes del descubrimiento y conquista por los pueblos europeos, son difíciles de entender y mucho menos si no están adecuadamente contextualizados, como de manera reiterada se hace con la dote que en algunos integrantes de estos pueblos es común, así como la administración común y colectiva de algunas actividades económicas en sus territorios, y el abasto colectivo y cooperativo.
Algunos se escandalizan en demasía como el ex director del CONEVAL, Gonzalo Hernández Licona por lo que él entendía como venta en matrimonio de las hijas de nuestros pueblos originarios, pero no se escandaliza por todos los matrimonios arreglados que se realizan y se han realizado por muchos siglos en Europa, con los cuales sellaban territorio, alianzas militares y aristocracias.
Se escandalizan algunos locutores que desde sus púlpitos de opinión distorsionan la realidad de estos usos y costumbres. Condenan sin preguntarse el porqué de estas prácticas porque no las conocen y satanizan.
La dote es una tradición ancestral de los pueblos originarios, era una ofrenda que una familia brindaba a otra por la felicidad de una nueva pareja. Entregaban flores, panes, cerveza, algunos animales y dinero, sin tarifas.
Sin embargo, esta ofrenda servía para, de manera tangible evaluar la capacidad de dar felicidad y sostenimiento con bienes materiales de la nueva pareja, si bien es cierto que en algunos casos no existía el consentimiento de los involucrados en el acuerdo matrimonial, esto se iniciaba con el cortejo y flirteo natural de coqueteo entre las especies femeninas y masculinas de todas las especies vivas de la tierra, es algo que debemos de impulsar, pero de ahí a satanizarlo, de ninguna manera.
Todos hemos vivido el proceso de construcción de una nueva pareja, para nuestros pueblos originarios esto es muy importante y es por ello que quieren dotarlos de los bienes materiales para que esta nueva familia tenga mayores probabilidades de éxito, Esto lo hacen en otras muchas culturas, por ejemplo, los judíos, que bendicen socialmente los nuevos matrimonios. En nuestra sociedad, la dote sirve para ayudar a sufragar los gastos de la fiesta y para iniciar con los bienes de la nueva familia a través de los regalos, mesas de regalos y entrega simbólica de dinero en el vestido de la novia o en el zapato del novio. Y esto no se considera como trata de blancas ni mucho menos.
Pero si la entrega de algunos puercos, cochinos, burros, vacas y marranos, como el presidente dice, y otras cosas que se incluyen en las dotes de nuestros pueblos originarios, esto si les espanta.
Hoy nuestras hijas e hijos se casan con cada Nini que solamente asegura el fracaso de la nueva pareja, es como votar por MORENA sin conocerlos. Vale más malo por conocido que bueno por conocer, porque en el mejor de los casos salen iguales y en muchos más salen no solamente iguales sino peores.