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Se tenía que decir… Las derrotas de Morena, con responsabilidad en palacio nacional. Por: Santiago Cárdenas. Destacado

18 May 2021
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Una reciente reunión en Palacio Nacional arrojó como saldo un fuerte regaño presidencial al líder de Morena, Mario Delgado, pues las expectativas electorales hacia la elección del próximo 6 de junio han cambiado de manera radical en distintos estados y en alcaldías de la Ciudad de México, al grado que lo que parecían triunfos amarrados a principios del año hoy son casi seguras derrotas.

 

Los pronósticos para Morena empeoran con el paso de los días, y si las elecciones no estuvieran tan cercanas, terminarían siendo desastrosas para el partido en el poder.

 

¿Qué es lo que está pasando? ¿Qué es lo que está provocando el desencanto con Morena? ¿Por qué el arrastre natural del presidente Andrés Manuel López Obrador ya no está resultando suficiente para garantizar un triunfo arrasador para su partido?

 

López Obrador goza de una aceptación que ronda el 60%, un porcentaje nada despreciable, y a pesar de ello su partido, Morena, va en caída libre cuando faltan tres semanas para la elección intermedia en la que 15 estados renovarán sus gobiernos, y se elegirá a los diputados que a partir del mes de septiembre conformarán la LXV Legislatura.

 

En el promedio de las encuestas, Morena y sus aliados no alcanzarán la mayoría calificada en la Cámara de Diputados, por lo que, por sí solos, no podrán hacer modificaciones constitucionales. Morena sí será el partido con más diputados, pero perderá mucha presencia en San Lázaro. Además, Morena perderá gubernaturas que al inicio del proceso electoral tenía en la bolsa como Nuevo León y Campeche, y están en duda otras que, si no las tenía aseguradas sí registraba una amplia mayoría, como Sonora y Zacatecas.

 

Con su grupo de cercanos, Delgado comenta que la responsabilidad de la caída de Morena recae en el gobierno federal, es decir, en el presidente López Obrador, por la falta de resultados de gobierno, el mal manejo de la pandemia, el pésimo manejo de la economía del país, y la falta de empatía con víctimas de hechos ocurridos que ameritaban una actuación gubernamental en la que se apreciara a las autoridades cercanas a la población.

 

En Morena están conscientes de que el gobierno no tiene aciertos visibles en los casi tres años de ocupar Palacio Nacional. No sólo eso, saben que en ningún rubro el presidente puede, sin mentir, ofrecer resultados gubernamentales medianamente buenos.

 

Por ello, el presidente López Obrador se ve forzado a inflar resultados, a mentir descaradamente, y a imponer en sus conferencias mañaneras sus otros datos, muy lejanos de la realidad. Y precisamente porque la realidad es muy diferente, la sociedad que resiente lo que en verdad está ocurriendo en el país se ha desencantado.

 

López Obrador es un presidente muy popular, y ha tomado como bandera propagandística temas que arrastran votos. El pobre que se siente agredido por la vida encuentra en el rico o en el clasemediero a los culpables de su desgracia y los identifica con los partidos que gobernaron antes que López Obrador: PRI y PAN.

 

Los muy escasos logros del gobierno federal están construidos en mentiras. Cuando el presidente habla de que han disminuido los delitos de alto impacto, miente; cuando asegura que la economía del país va bien, miente; cuando dice que la corrupción ha disminuido, miente; al decir que su gobierno respeta la libertad de expresión, miente; cuando asegura que su gobierno es transparente, miente. Miente por todos lados.

 

Mario Delgado no puede contradecir a López Obrador, pero sabe, y así lo comenta con sus cercanos, que la derrota electoral de Morena tendrá una responsabilidad compartida con el presidente López Obrador, pero tendrá que ser asumida sólo por él.

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