“Ya no se violan los derechos humanos de los migrantes”. Esa fue una de las muchas mentiras que, en la presentación de su tercer informe de gobierno, el presidente Andrés Manuel López Obrador se atrevió a asegurar, entre otras cosas. Pero tanto organizaciones civiles como el público que logra mantenerse un poco más informado en su día a día sobre la situación de los migrantes en la frontera sur de nuestro país, tenemos otros datos.
Por ejemplo, el informe de actividades 2020 de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH) señala que, durante el 2020, se recibieron más de 11,000 quejas de presuntas violaciones de derechos humanos cometidas por instituciones públicas como la FGR, el Ejército y la Guardia Nacional (GN). Recordemos que la actual administración decidió desplegar a la GN en la frontera sur para impedir el paso de los migrantes tras los “discretos” acuerdos con el entonces presidente de los Estados Unidos de América, Donald Trump.
Además, el Centro Prodh, señala que hechos recientes como los ocurridos en Tapachula, muestran que la política migratoria sigue siendo contraria a los derechos humanos. Los videos que circulan por redes sociales y que lamentablemente no han tenido la difusión necesaria, sólo reflejan lo que se ha venido señalando desde tiempo atrás. En efecto, los derechos humanos de los miles de migrantes que cruzan por la frontera sur del país con Guatemala, son ultrajados día tras día.
En esta ocasión es importante poner de relieve la deshumanización que se ha hecho del migrante. Ésta obedece a políticas domésticas que se han alineado con las políticas internacionales, penosamente sometidas a lo que dicta el gobierno de los Estados Unidos, en este caso. Sin duda, la migración es un fenómeno que se vive alrededor del mundo y muchos países, con base en razones xenófobas, implementan este tipo de políticas violentas como las que se han visto en los últimos días en México.
Quienes migran, en su mayoría, son obligados a hacerlo ya sea por cuestiones de fuerza mayor como la violencia que se vive en los países del Centro y Sur de América, así como razones económicas y de falta de oportunidades laborales y de aspirar a una mejor vida, en suma. Las fallas que orillan a estas personas a salir de sus países de origen son estructurales creadas por el mismo sistema estatal en aquellos países como El Salvador, Honduras, Haití, Nicaragua, etc. en conjunto con actores internacionales como los Estados Unidos de América, que históricamente han ultrajado a estos países a diestra y siniestra con tal de satisfacer sus propios intereses económicos, políticos y de seguridad. Quienes terminan siendo los más afectados son quienes menos tienen, quienes por el “accidente de nacimiento”, se ven forzados a buscar mejores oportunidades para ellos mismos y sus familias. Por lo tanto, deshumanizar a todo aquél que busca cruzar las fronteras en búsqueda de un futuro mejor, son sólo las víctimas de un sistema disfuncional y lacerante para quienes no forman parte de las élites políticas y/o económicas.
El gobierno de Andrés Manuel López Obrador es parte del engranaje mencionado, que, aunque cada mañana de cada día intente borrar a través de la narrativa oficial la realidad, o dícese en otras palabras, aunque quiera “tapar el sol con un dedo”, la vileza con la que funcionarios del Instituto Nacional de Migración junto con miembros de la Guardia Nacional han actuado en contra de los migrantes centroamericanos, es desgarradora, cruel e inhumana. Lamentablemente, es sólo un reflejo del sometimiento de nuestro país a la política de los Estados Unidos. Si algo nos queda por hacer como mexicanos y parte de una comunidad internacional más grande, es continuar denunciando estas atrocidades, así como exigir a nuestros representantes que rindan cuentas y se hagan responsables de sus actos.