En las redes sociales se puede medir con mucha facilidad la polarización de la sociedad, y el principal factor de división es quien debería ser el factor de unión: el presidente Andrés Manuel López Obrador.
Una de las labores obligatorias de cualquier presidente es buscar permanentemente la conciliación social. Sin embargo, a López Obrador le reditúa, y mucho, que la sociedad esté polarizada.
No es necesario explicar cómo le beneficia tener un amplio número de seguidores. Al presidente le beneficia la existencia de sus detractores, aquellos a quienes él llama opositores o conservadores, porque sirven al propósito mediático y propagandístico que ha utilizado en lo que va de su sexenio: la victimización. Cada señalamiento de la oposición, sea política o ciudadana, López Obrador lo canaliza y le da tratamiento de ataque a su gobierno y a él en particular.
Al presidente le encanta la victimización, pero también disfruta la venganza.
Un video difundido en la televisión en marzo de 2004, en el que aparece René Bejarano, exsecretario particular de López Obrador y entonces líder de la bancada de los diputados del PRD en la Asamblea Legislativa de la Ciudad de México, recibiendo 45 mil dólares en efectivo por parte del empresario Carlos Ahumada, fue pieza importante para dinamitar las aspiraciones presidenciales de quien en ese momento ocupaba la Jefatura de Gobierno de la capital del país.
Ahumada sostenía una relación sentimental con Rosario Robles, quien dirigió al PRD de 2002 a 2003. De hecho, el dedo acusador de López Obrador y Bejarano apuntó hacia Robles, a quien consideraron cómplice de la estrategia para dar a conocer el video que tiró por los suelos la imagen de honestidad que presumía López Obrador.
Bejarano fue a la cárcel, y otros videos difundidos en ese mismo año salpicaron al secretario de Finanzas del Gobierno de la Ciudad de México durante la gestión de López Obrador, Gustavo Ponce, y al entonces delegado en Tlalpan, Carlos Imaz, quien era esposo de Claudia Sheinbaum. Esa serie de videos terminó por influir en la elección de 2006, en la que López Obrador perdió frente a Felipe Calderón.
Rosario Robles padece hoy la venganza de un López Obrador que la considera cómplice de aquel entramado. Así se explica que permanezca en la cárcel. A Rosario Robles, al día de hoy, se le mantiene en prisión bajo un proceso penal enrarecido en el que no se le ha probado nada de lo que se le acusa. De hecho, es la única detenida por la Estafa Maestra, aquella trama que implicó a universidades públicas y funcionarios del gobierno anterior en el desvío millonario de recursos públicos.
Rosario Robles niega las acusaciones que pesan en su contra. En cambio, un criminal confeso, Emilio Lozoya Austin, goza de una libertad que le permite acudir a cenar a donde le plazca, y disfrutar de los recursos que recibió por parte de la empresa brasileña Odebrecht, y que el gobierno le ha permitido retener.
Lozoya ha implicado en sus declaraciones al expresidente Enrique Peña Nieto y al exsecretario de Hacienda del sexenio anterior, Luis Videgaray, así como a otros exlegisladores priistas y panistas. Ninguno de ellos enfrenta un proceso judicial, pues en realidad la intención de implicarlos es que se sometan a un juicio popular de desprestigio.
En las redes sociales, los seguidores de López Obrador salivan cada vez que la Fiscalía General de la República o la Unidad de Inteligencia Financiera amagan con investigar a Peña Nieto. Lo cierto es que no será procesado, a pesar de que el resultado -no vinculante- de la consulta popular impulsada por el gobierno tuvo como resultado que los exmandatarios deberían ser enjuiciados. El objetivo de López Obrador se cumplió, pues lo que él buscó con aquella consulta fue que hubiera un linchamiento popular a los expresidentes, algo similar al linchamiento que Ernesto Zedillo promovió hacia la figura de su antecesor, Carlos Salinas de Gortari, y que le creó tan mala imagen con la que hasta hoy carga.
Peña Nieto no forman parte del sentimiento de rencor que envuelve al presidente López Obrador.
Su odio está fincado en la derrota electoral que sufrió en 2006, y está dirigido a quienes estuvieron involucrados en esa derrota. Por eso está en la cárcel Rosario Robles, y por eso sus ataques verbales a Felipe Calderón son tan frecuentes. Por eso, y nada más.