La fecha fijada por el presidente Andrés Manuel López Obrador para inaugurar el aeropuerto de Santa Lucía, que oficialmente se denominará Aeropuerto Internacional Felipe Ángeles, ha llegado. A pesar de que la terminal aérea está lejos de concluirse, la ceremonia oficial de inauguración no se pospondrá, y con un gran simbolismo se llevará a cabo el 21 de marzo.
La ceremonia de inauguración será otro más de los shows que encantan a López Obrador, y junto con la andanada de violaciones a la ley para promover la revocación de mandato del próximo 10 de abril, son las pataletas para tratar de rescatar el control de la agenda pública, perdido desde la publicación del reportaje que exhibió el conflicto de interés del hijo mayor del presidente, José Manuel López Beltrán, quien habitó una lujosa residencia en Houston que pertenecía a un directivo de Baker Hughes, una empresa contratista de PEMEX que en este gobierno se ha visto beneficiada con el incremento de los montos de sus contratos con la empresa petrolera mexicana.
En el caso del aeropuerto, se ha documentado hasta la saciedad que aún falta mucho para concluir la obra. La inauguración del 21 de marzo será un montaje, un show, pues apenas estará presentable un cascarón. Incluso, el anuncio de que ya estarán disponibles los vuelos internacionales -que justificarían llamar internacional al aeropuerto-, fue una mentira.
En la página del Consorcio Venezolano de Industrias Aeronáuticas y Servicios Aéreos, solamente está disponible un vuelo a al aeropuerto de Santa Lucía: el del 21 de marzo. Es decir, los venezolanos sólo vendrán a la inauguración, aplaudirán en la ceremonia y se regresarán a Caracas. Después de eso, ningún vuelo internacional más a Santa Lucía.
El propio presidente anunció que la víspera de la inauguración dormiría en el hotel civil del aeropuerto de Santa Lucía, que ya contaba con “certificaciones”. Un día después, López Obrador reculó y canceló su pernocta en el hotel, pues según él “ya está terminado, pero todavía no tiene certificaciones”. El presidente mintió: el hotel no está concluido ni está cerca de estarlo.
El otro show, en el que López Obrador pone más atención en estos días, es el de la revocación de mandato. Su partido, Morena, se ha encargado de llenar las principales ciudades del país de espectaculares que “exhortan” a votar porque López Obrador permanezca en el gobierno.
Esta flagrante violación a la ley llevó al INE a ordenar el retiro de los espectaculares. Nadie hizo caso, pues mañosamente nadie aparece como responsable de la contratación de los promocionales. El consejero electoral Ciro Murayama señaló que estamos presenciando “una campaña publicitaria muy costosa en anuncios espectaculares promoviendo en un cierto sentido la consulta de revocación de mandato, la cual tiene dos características inquietantes: uno, nadie se hace responsable de la misma; dos, no se sabe de dónde salió el dinero para pagarla”.
La ley electoral prohíbe que haya recursos públicos detrás de las campañas publicitarias o que sean partidos políticos los promoventes de estas. Por ello, el INE tomó la medida cautelar de que se retiren los espectaculares, “a efecto de que se evite un daño mayor al proceso en curso”.
Morena y el presidente buscan afanosamente que el fracaso de la revocación de mandato se le cargue al INE, y ese será el mero pretexto para impulsar una ley que lleve a la designación de nuevos consejeros electorales, por supuesto a modo, para controlar la elección federal de 2024.
Al presidente le urge asegurar el control de la elección de 2024, y cargarle al INE el fracaso de la consulta de revocación de mandato es el mejor pretexto para conseguirlo.