Ya quedó semi listo. Cumplieron los militares a medias, al medio concluir el aeropuerto de Santa Lucía en la fecha prometida, con un costo muy por arriba del estimado inicial que fue del orden de 75 mil millones de pesos y que la fecha llevan gastados más de 120 mil millones de pesos, aunque esto es lo de menos si consideramos que con esos recursos se hubiera terminado el aeropuerto de Texcoco que era considerado, ese sí, como uno de los diez mejores del mundo en cuanto a su funcionalidad como en su operatividad aérea.
Cancelar el NAIM costó más de 113, 327 millones de pesos, aunque la ASF estimó en 331 mil millones de pesos
El hubiera no existe, sin embargo, con lo que costó la reconversión de la terminal militar de Santa Lucía se hubiera podido equipar la red hospitalaria del país y el abasto de medicamentos para atender a los pacientes de Covid y de otras enfermedades como el cáncer, además de evitar, verbigracia, la cancelación de las escuelas de tiempo completo.
De que servirá tener una nueva terminal aérea de medio pelo en la zona metropolitana de la CDMX, si el otro que existe, el de Toluca, está desaprovechado al no tener ningún vuelo comercial nacional en estos momentos, tan solo se usa para vuelos privados y de carga, cuando tiene todo la infraestructura para operar con mayor capacidad y eficiencia que el AIFA (Aeropuerto Incompleto Felipe Ángeles).
Así es estimado lector, el aeropuerto de Toluca, ese al que se llega desde Santa Fe en cuarenta minutos, es un elefante blanco, convertido así, en el momento que se decidió cancelar el aeropuerto de Texcoco para dar paso al de Santa Lucía y con ello dejar en el abandono al de la zona metropolitana de Toluca.
En tiempos en el que el aeropuerto internacional de la CDMX está saturado y sus instalaciones deterioradas, se inaugura otro, pero sin la capacidad y la infraestructura para aliviar la saturación del primero, debido a que los accesos no se han concluido y a que en su capacidad plena, apenas podrá despachar una centena de vuelos, que eso para los mil vuelos diarios que operan el AICM, no es nada.
En esta lógica, pues está claro que el capricho de construir un aeropuerto que ni siquiera será de carga, ha salido demasiado oneroso para México, en tiempos en que los recursos públicos son muy limitados.
El aeropuerto que cancelaron con una consulta popular inconstitucional iba a transportar 124 millones de pasajeros al año, tenía 124 posiciones y sería un HUB internacional y hubiera generado 450 mil empleos, en contraparte el AIFA tiene 8 vuelos con 14 posiciones.
Como se sabe, no solo cancelaron e inundaron las instalaciones del aeropuerto de Texcoco, sino vendieron el acero a precios ridículos a diversas empresas que lo revendieron en Santa Lucía.
Los militares constructores de Santa Lucía no salieron igual a los civiles, salieron peores, en eso de desviar recursos del erario, tan solo hay que ver el esquema general de contrataciones y adjudicaciones directas que hicieron en la obra a empresas, incluso cuyos domicilios fiscales, están en lotes baldíos o en viviendas de interés social.
Pues bien, ya está Santa Lucía y la pregunta surge de inmediato ¿de qué le sirve a los sectores sociales más desprotegidos o de cuantos empleos formales estamos hablando que se van a crear, ahora que ya es una realidad?
Cuál es el retorno de inversión de una obra que servirá en el futuro para desplegar maniobras militares, pero no para atender la creciente demanda que ya dejó atrás al aeropuerto de la CDMX.
En dónde está el beneficio para los más pobres o en general para la población.
Ahora vendrá la refinería de Dos Bocas, mastodonte que no satisfará la demanda de gasolinas, pero cumplirá con otro oneroso capricho presidencial.