Las prisas ya les ganaron y será en Semana Santa cuando el oficialismo buscará aprobar la reforma eléctrica, merced a “los Judas” que se han disfrazado de priistas o panistas, pero que en realidad la casaca que portan es del oportunismo, los intereses personales y la lisonja al Jefe del Ejecutivo Federal.
Mientras que el presidente asegura que los votos que les hace falta en el Congreso para aprobar la reforma eléctrica, provendrán de algunos legisladores del PAN y del PRI; la coalición Va por México conformada por esos dos partidos y el PRD, aseguran que la reforma presidencial está muerta, ya que no pasará.
Así que hagan sus apuestas señores; ¿Habrá alguna traición y de cuál instituto político será?
Sorprende la urgencia que tiene López Obrador por aprobarla, máxime cuando ha recibido de parte del gobierno norteamericano un rotundo rechazo a estatizar la industria eléctrica y desplazar y hasta revertir los contratos que se tienen signados y por ende vigentes con empresas de ese país.
La farsa del parlamento abierto que se hizo durante dos meses para recoger la opinión de los expertos y especialistas del sector privado y público, solo fue una tomadura de pelo al mantener sin cambios la iniciativa presidencial, “sin quitarle ni siquiera una coma”.
La cerrazón por impulsar la reforma de Bartlett mete en una seria encrucijada, no solo al presidente, sino a México, ya que las implicaciones económicas, de autonomía energética, inversión, medio ambiente, relaciones internacionales y gobernabilidad, son de gran calado y de variadas consecuencias para la población.
Las posiciones entre ambos bandos son irreductibles, ya que mientras la postura oficial busca que la CFE retome el control absoluto del sector energético; los opositores se pronuncian porque se mantenga la participación del capital privado para seguir impulsando las energías limpias que permiten, sin duda, abaratar los precios de la energía eléctrica y de otros energéticos.
“Quieren imponer tiempo en una Reforma que no amerita esa prisa con la que ellos se están conduciendo, ¡y menos sobre las rodillas! El hecho de que el presidente López Obrador diga: “Vótenla en tal día”, rompe con la autonomía del Legislativo y está bien, si quieren votarla, lo haremos; pero será en contra y después de eso, expondremos nuestra propia propuesta”, subrayó el coordinador parlamentario del PRD en la cámara baja, Luis E. Cházaro
La opción de que, a través de buscar las coincidencias, buscar acuerdos que permitan elaborar una propuesta final para su aprobación en el Congreso, es muy complicado, aunque está pudiera ser la salida para que, precisamente, esos legisladores de la oposición que ya tiene cooptados el gobierno, den su voto a favor de la reforma eléctrica.
Si alguien duda de que algunos legisladores van a expresar el sentido de su voto en razón de las canonjías y prebendas que pueda obtener a cambio, pues está equivocado, porque, el tiempo lo ha demostrado, varios de esos diputados y senadores tienen gruesos expedientes conformados por su paso en la administración pública, en donde se despacharon con la cuchara grande.
La mayoría tienen cola que les pisen, pocos están exento de ello, entonces solo se trata de apretarles un poco para que aflojen.
Otros, les mueve el billete verde o posiciones políticas.
El PRI ha reiterado en boca de sus dos liderazgos más visibles, Alejandro Moreno y Rubén Moreira, ambos fueron gobernadores, que no aprobarán la reforma como está redactada en estos momentos y que la discusión de la misma, en ambas cámaras, se debe de dar después de las elecciones del 4 de junio, en las cuales se renovarán seis gubernaturas, entre ellas la de Hidalgo, en donde compite Carolina Viggiano, esposa de Moreira.
Hay un razonado temor de que de las filas de los tricolores salgan esos traidores que en el momento de la votación final darán el chaquetazo para aprobar la iniciativa presidencial.
Esos Judas que traicionaron al Señor, ahora han reencarnado con piel de legisladores.