Al acelerar sus actos proselitistas que, por cierto están prohibidos por la ley electoral, Claudia Sheinbaum, Marcelo Ebrard, Adán Augusto López y Ricardo Monreal refuerzan su presencia en diversas entidades para llegada la fecha crucial, ganar las encuestas que encumbren al elegido como candidato de Morena a la presidencia de la República.
Bueno, eso es en teoría, porque en realidad quien elegirá al “bueno” será el presidente López Obrador y aunque ya tiene tomada su decisión, sopesa a diario las lealtades y capacidades de tres de sus corcholatas, ya que el senador Ricardo Monreal está descartado.
Tanto Ebrard, como Sheinbaum y Adán Augusto López han aceptado participar en una contienda que a todas luces luce dispareja en virtud de que, solo un hombre, su jefe, tomará la decisión en razón de dos atributos que debe tener el elegido: lealtad y defensa del proyecto político que instauró AMLO y por supuesto, proteger a la familia presidencial.
Desde luego, los tres precandidatos están en condiciones, en apariencia, de cumplir con estas dos condicionantes, empero, ya sentados en la silla presidencial y con todo el poder sobre sus hombros, surge la pregunta de inmediato, qué tanto cumplirán con su palabra o más bien hasta dónde llegará su lealtad con el tabasqueño.
Este es el dilema que debe resolver López Obrador durante los próximos siete meses.
Tendrá que hacerle al agorero o al pitoniso para adivinar el futuro.
¿Hasta dónde llegará la fidelidad del elegido o la elegida?, si llegado el momento y con el cordón umbilical trozado, actuará conforme a los acordado y que se selló en un “juramento de hermanos”.
A lo largo, por lo menos de los últimos 30 años, AMLO ha tenido todo tipo de pruebas de amistad y lealtad con Marcelo Ebrard, Adán Augusto López y Claudia Sheinbaum y de las cuales, los tres han salido bien librados, unos más que otros, pero al final los tres calificaron a la final, a tal grado, que ahora están en la antesala de cumplir su sueño dorado, ser el sucesor del tabasqueño.
Entonces, si los tres cumplen con creces el tema de la lealtad y la defensa del proyecto político y de la familia de AMLO, cuál sería el elemento diferenciador que haga que la balanza se incline a su favor.
Esto es precisamente lo que está escudriñando el presidente en la víspera de destapar a su corcholata; y por ello los puso a prueba al designarlos como suspirantes y conminarlos a que, con el pretexto de las encuestas, hagan campaña desde ahora y expresen su visión sobre el continuismo del proyecto político de AMLO.
Para el Jefe del Ejecutivo Federal, su administración no terminará el próximo 30 de septiembre del 2024, sino que, continuará por lo menos por 18 años más, y por ello debe resolver su mayor dilema en los términos antes descritos.
Las prioridades presidenciales para el cierre del sexenio son de tipo electoral, lo demás, como dejar buenos resultados en su gestión, es tangencial, lo relevante es asegurar por todas las vías que su candidato o candidata gane la elección presidencial y luego ese personaje cumpla con los acuerdos pactados.
Sin embargo, aun resolviendo acertadamente el tema de su sucesión, el presidente debe avocarse a cerrar su sexenio en las mejores condiciones que se puedan.
No se entiende que se pretenda buscar la continuidad dejando de lado la cruda realidad por la que transita el país.
Las mañaneras ya no alcanzan para tapar el sol con un dedo y por ello es evidente que su sucesor morenista no tiene asegurada la elección, aún con el control que ya tiene el presidente de parte del Consejo General del INE.
En momentos en que se recrudecen los problemas, como el incremento en los índices delictivos, la crisis económica, inflación, deficientes sistemas públicos de salud y de educación, ingobernabilidad ante el embate del narcoterrorismo, tan solo por mencionar algunos temas, los encargados de la Segob, Cancillería y la Jefatura de Gobierno de la CDMX, desperdician tiempo, dinero y esfuerzo, en buscar una candidatura que ya está decidida y que, solo que ocurran una serie de imponderables de alto calibre, como, verbigracia, la derrota de Delfina Gómez, en la elección para gobernador del Estado de México o que, precisamente, las condiciones de gobernabilidad y estabilidad social se resquebrajen aún más; o que de plano los grupos criminales extiendan sus dominios más allá de lo que ya tienen; harán que se cambie de decisión.
Entonces, en este sentido, el presidente debería meter a la ecuación de selección, un criterio de evaluación más, la eficiencia y con ello mataría dos pájaros de un tiro; lealtad y eficiencia
Bajo este crisol, de los tres, solo uno ha dado resultados tangibles. Dejaré al lector que ponga el nombre de este eficiente precandidato.