Más allá de lo que digan los agoreros de mal fario en torno a la jornada electoral que habrá en cuatro estados del país mañana domingo, el acudir a las urnas es una extraordinaria oportunidad para consolidar nuestra democracia al tiempo de cristalizar el más alto anhelo que tienen los ciudadanos para definir el futuro de entidad y, sin exagerar el de ellos y sus familias.
Cierto los políticos y sus partidos han apostado todo a la elección particularmente en el Estado de México, sin embargo, al final de cuentas quienes tomarán la decisión son los ciudadanos y a pesar de que estuvieron sujetos a todo tipo de presiones, maniqueos y condicionamientos, solo van a ser los mexiquenses quienes definan quien será su próximo gobernado o gobernadora para los próximos seis años.
El supremo derecho al sufragio libre y sin cortapisas no solo significa el empoderamiento de la gente común y corriente, sino va más allá al emitir su beneplácito o de plano su rechazo para los partidos políticos que se han mantenido en el poder o para aquellos que irrumpen por primera vez en el escenario electoral del Estado de México.
Y es aquí donde recalcamos que todos los actores políticos tienen una responsabilidad toral en el mantenimiento de la cohesión social y si bien es cierto que durante la campaña se dieron con todo, también ahora se requiere altura de miras para no polarizar los ánimos de la población, ya que es muy tentador movilizar a los simpatizantes ante la victoria y más en la derrota.
En este escenario podremos observar de que están hechos los gobernantes y los presidentes de los partidos políticos en cuanto a dirimir sus diferencias por la vía institucional o si de plano se van por la desestabilización y el desacato judicial.
Hagamos de esta jornada electoral una fiesta de la democracia y acudamos a votar, incluso en compañía de nuestras familias.