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Desde San Lázaro. Comienza el relevo presidencial. Por: Alejo Sánchez Cano Destacado

21 Ago 2018
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Cuando el PRI-Gobierno mantenía la supremacía, no era necesario establecer una agenda común entre el equipo del presidente saliente y el entrante, todo, si acaso, se circunscribía a actas de entrega recepción y pare de contar.

 

Era muy común para los nuevos funcionarios, encontrarse no solo con las arcas vacías, sino con cero archivos, nada de computadoras y mucho menos información básica que les permitiera conocer, aunque sea en forma mínima, el estado que guardaba la administración.

 

Casi todos partían de cero, porque no había información disponible, incluso el personal que colaboraba con el anterior funcionario, también ya había presentado su renuncia.

 

Eran tiempos de saqueos y de boicotear a los nuevos funcionarios, todo ello, entre priistas.

 

En muchísimos casos, los funcionarios que salían, no acudían a despedirse de sus colaboradores y menos a detenerse en sus oficinas.

 

Esa historia empezó a cambiar cuando llegó la alternancia con Vicente Fox, en donde se efectuaron los encuentros entre los equipos llamados de transición, así se iniciaron reuniones sin precedentes en la historia mexicana y acordaron un traspaso de poder sin sobresalto, tras 71 años de hegemonía priista, Ernesto Zedillo, mostró tamaños de estadista al estar a la altura de las circunstancias.

 

Entre el relevo de Felipe Calderón con Enrique Peña Nieto, ocurrió, por primera vez un periodo de transición, ordenado, institucional y abierto en donde, fluyó la información institucional y se dieron todas las reuniones necesarias entre los miembros del gabinete entrante y saliente.

 

Claro, siempre existe una especie de temor del funcionario saliente, sobre todo si tiene cola que le pisen, en dar la información que se le solicita, sin embargo, la instrucción de Calderón a sus colaboradores solivianto esta actitud.

 

Ahora con el presidente Enrique Peña Nieto, la disposición de llevar una transición ordenada, es total y la muestra quedó plasmada en los dos encuentros que ha tenido con el presidente electo Andrés Manuel López Obrador, en donde el propio tabasqueño ha declarado que el trato es cordial y respetuoso, a grado tal que Peña Nieto, le ha ofrecido, sin ser obligado a ello, impulsar la creación de la secretaría de seguridad pública, y el envió al Congreso de Iniciativas preferentes en torno al nombramiento de los fiscales pendientes.

 

A partir de hoy, se da el banderazo del inicio formal del relevo presidencial que culminará precisamente el 1 de diciembre, fecha en que AMLO asumirá la presidencia de la república.

 

Ahora, basta observar si los colaboradores del mexiquense están en esa disposición que ha mostrado su jefe para apoyar con todo a la administración de López Obrador, ya que si bien es cierto que AMLO no se dedicará a perseguir ex funcionarios, la verdad es que necesitará colgarse algunas medallas, al llevar al banquillo de los acusados a funcionarios, que se han enriquecido a costa del erario.

 

Mientras que los presidentes Peña y López viven una relación idílica, los servidores públicos en funciones se preparan para defender sus gestiones, mediante los famosos libros blancos, que no son otra cosa que la información básica que permita conocer los pormenores de la administración, desde la toma de decisiones en la definición de políticas públicas, hasta el registro pormenorizado y puntual del ejercicio de los recursos asignados a las áreas de su responsabilidad y que estos se hayan asignado conforme a las disposiciones vigentes.

 

Son 100 días que dura el periodo de transición que permitirá a los nuevos, darse cuenta de que una cosa es opinar sin conocimiento de causa y otra, cuando ya tienen los pelos de la burra en la mano.

 

Cierto en el equipo de Peña Nieto hay funcionarios capaces y probos que fueron fundamentales para alcanzar los logros de este sexenio y que no se han reconocido como la cifra record alcanzada en número de empleos formales, alcanzados, pero también hay algunos prietitos en el arroz.







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