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Desde San Lázaro. Irresponsabilidad en el desabasto de agua. Por: Alejo Sánchez Cano Destacado

02 Nov 2018
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La contingencia que sufre la CDMX, por la falta de agua, se pudo haber evitado, si las autoridades responsables del tema, se hubieran abocado realizar acciones de gran calado para evitar el problema que, no es nada, en comparación con lo que enfrentará la megalópolis en el futuro.

El impacto del desabasto es de por lo menos: 4 millones de personas, en 480 colonias de 13 alcaldías.

La mayor amenaza para la existencia de  la ciudad de México, es la escasez de agua potable, de hecho las predicciones de los expertos a 30 años, coinciden en señalar que este es el mayor reto, que causará un daño irreversible en su  viabilidad.

Ramón Aguirre, director general de Sacmex, se jacta que se dispusieron 13 puestos de mando, uno por alcaldía afectada, más de 1,200 pipas, 170 magno tinacos y la implementación de 90 puntos de carga, operativo del que alardea que es el mayor realizado en la ciudad chilanga, lo cierto es que la incapacidad y torpeza para manejar el gravísimo problema, es evidente en él y en los jefes que ha tenido como Marcelo Ebrard, Miguel Ángel Mancera y ahora José Ramón Amieva.

Son de risa los apuntes que hace Aguirre para delegar culpas a la ciudadanía y no asumir la responsabilidad  que como autoridad encargada de solucionar de fondo el desabasto, tiene.

“La experiencia de estos días nos debe invitar a ciudadanos y autoridades a valorar un recurso limitado y escaso, así como de tomar conciencia de la necesidad de implementar todo lo necesario para que no falte en el futuro. Darle al agua un renglón como la casi, principal prioridad sería nuestra mejor lección “, sentenció el ingenuo e inepto titular del Sacmex, quien por cierto lleva al frente de esa dependencia más de 11 largos años y no ha podido con el paquete.

Lo bueno es que ya se va, en su  lugar quedará el  doctor en Ingeniería Mecánica, Rafael Bernardo Carmona quien precisamente, tiene la encomienda de parte Claudia Sheinbaum, de atender con celeridad y atingencia lo conducente para que el desabasto generalizado no vuela a ocurrir.

Claro, dirán algunos, el sistema Cutzamala no depende de la CDMX, sin embargo, hay múltiples acciones para generar el auto abasto.

Pasan las administraciones capitalinas, unas del PRI y otras del PRD y no han existido un paquete de políticas públicas y acciones que, primero, busquen vías alternas de suministro del vital líquido, como el agua de lluvia: combate a fondo de las fugas en la red de agua potable; campañas de educación y cuidado del agua, así como el enfoque sustentable de la metrópoli.

Fuera de los pozos  y  la flotilla de pipas, que por cierto, la mayoría son de funcionarios  de las alcaldías, poco se hace para captar la inmensa cantidad de agua que cae  por las lluvias, pero la gran mayoría de este líquido se desperdicia al mezclarse con el drenaje.

La pérdida de agua debido a fugas en el sistema de tuberías se estima en un gravísimo 40 % y a pesar de esta información ya de suyo alarmante, no hay medidas para remediar el mal.

En la actualidad, en el mundo, más de mil millones de personas no tienen acceso a agua y otros 2,700 millones les hace falta por lo menos un mes al año.

Más de 100 ciudades importantes del orbe, entre ellas la ciudad de México, atraviesan por una situación de estrés de agua lo que según las Naciones Unidas sucede cuando los suministros anuales descienden por debajo de 1,700 metros cúbicos por persona.

De acuerdo a este organismo internacional, la demanda global de agua potable sobrepasará el suministro en 40% para el año 2030, merced a una combinación de factores como el cambio climático, la acción humana y el crecimiento demográfico.

Uno de cada cinco capitalinos recibe apenas unas horas de agua de grifo y 20% tienen agua corriente durante solo una parte del día. La ciudad importa hasta 40% de su agua de fuentes distantes, pero no cuenta con la infraestructura para el reciclaje de agua desperdiciada.

 

 

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