Cambios de paradigmas en la vida pública, es lo que ofrece la administración de Andrés Manuel López Obrador bajo el lema de la Cuarta Transformación, en la cual toda la fuerza de sus aliados, participarán activamente desde todos los frentes posibles y en especial en el Congreso de la Unión.
Cambios habrá en la estructura administrativa, en la forma de gobierno, en las percepciones salariales de toda la burocracia, en las políticas públicas, en la vida interna de los partidos políticos a partir de los votos obtenidos en la pasada elección, también en algunos proyectos y programas que no se consideren viables o prioritarios para esa nueva circunstancia que vive el país en materia de democracia, desarrollo social y fortalecimiento de la economía, y muchos más que le permitan fortalecer su proyecto político.
No se escapa en esto entorno, la vida interna de los sindicatos, donde sus agremiados siguen demandando transparencia en el manejo de recursos; democracia en la elección de sus cuadros dirigentes y respeto a derechos gremiales de cada uno de los integrantes de estos grupos. Son diversos aspectos y en ello también se incluyen demandas de no más pugnas entre dirigentes, ya que –dicen- son acciones con las que únicamente se debilitan sus organizaciones y los divide en la defensa de intereses comunes, como el respeto a sus derechos y el uso irrestricto de sus prerrogativas sindicales.
Hay que transformar casi todo, parece ser el mensaje del nuevo gobierno y específicamente en el tema del sindicalismo el aún presidente electo, Andrés Manuel López Obrador, ha sido muy claro: Las elecciones de los liderazgos deben realizarse en un marco de democracia y libertad para asociarse con autonomía.
“No más imposición o reelecciones amañadas”, es una exigencia de los nuevos tiempos en la vida interna de las organizaciones sindicales, donde el voto secreto y libre empieza a asomar en los procesos electorales para renovar dirigencias y eso suena más que bien.
En la ruta de la 4ª transformación, los petroleros no son los únicos que respiran aires democráticos, en ese camino también ya transitan los trabajadores del sector educativo con la ratificación, por parte del Consejo Nacional del SNTE, del maestro Alfonso Cepeda, como Secretario General y de todo el Comité Ejecutivo Nacional, estableciéndose, además, la eliminación de la figura de presidente y para el periodo que concluye hasta febrero de 2024.
En lo que fue su primer mensaje a medios, Alfonso Cepeda definió que en los nuevos tiempos que vive el SNTE “no hay cabida para el despotismo, la autocracia, el autoritarismo, ni las reelecciones” y advirtió que de ahora en adelante los pasos que se den en la dirigencia se harán de manera razonada, horizontal y colegiada. “Son tiempos de reconciliación” con pleno respeto a la pluralidad en bien de la educación, ofreció el dirigente de uno de los sindicatos más grandes del mundo.
La democracia en los sindicatos no estaría mal, llegara tan lejos o tan cerca de organismos laborales como los telefonistas, los electricistas, el sector salud y muchas otras representaciones laborales en donde los sindicalistas ya están hatos del nepotismo, cacicazgo, poderes heredados, y muchos otros términos que a lo largo de la historia se han ido acuñando entre la clase trabajadora a partir de prácticas antidemocráticas y concentración de poder.
La nueva disidencia de SNTE, por ejemplo, el grupo que encabeza Elba Esther Gordillo, se opone a esos aires de democracia que campean en el sindicalismo mexicano. El día de ayer intentó presionar al presidente electo López Obrador para tirar el nombramiento de Alfonso Cepeda, hecho que de suyo, molestó al tabasqueño.